FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

martes, 23 de noviembre de 2010

La cinta blanca


TÍTULO ORIGINAL Das weisse Band - Eine deutsche Kindergeschichte (The White Ribbon)

AÑO 2009 

DURACIÓN 145 min.    

PAÍS    Alemania 

DIRECTOR Michael Haneke
GUIÓN Michael Haneke
MÚSICA Varios
FOTOGRAFÍA Christian Berger (B&W)
REPARTO Susanne Lothar, Ulrich Tukur, Burghart Klaussner, Josef Bierbichler, Marisa Growaldt, Steffi Kühnert, Michael Schenk, Janina Fautz, Michael Kranz, Jadea Mercedes Diaz, Theo Trebs
PRODUCTORA Coproducción Alemania-Austria-Francia; Les Films du Losange / Wega Film / X-Filme Creative Pool
WEB OFICIAL http://dasweisseband.x-verleih.de/
PREMIOS 2009: Nominada al Oscar: Mejor película de habla no inglesa
2009: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2009: Festival de Cannes: Palma de Oro (mejor película), premio FIPRESCI
2009: Premios del cine europeo: Mejor película, director, guión. 4 nominaciones

GÉNERO Drama. Intriga | Infancia. Vida rural


Clasificación : Muy recomendada

Perturbadora es una palabra adecuada para expresar esa suerte de desazón que queda luego de ver La Cinta Blanca. En la antesala de la primera guerra mundial un pueblo alemán es el escenario para el desfile las aberraciones - tan propias, tan emblemáticas -  de la condición humana. Allí se dan cita las figuras arquetípicas de cualquier comunidad: el médico, el pastor, la comadrona, el burgués, el campesino, los infaltables niños…. y, en medio de ellos, un mal espeso que lejos de aterrorizar se adhiere a las paredes mismas de la existencia como una lava silenciosa que se alberga con tanta facilidad en el torvo comportamiento de un adulto decadente como en la inocencia de un niño que está apenas a un paso, quien lo creyera, de la atrocidad.

El propósito de La Cinta Blanca no es narrativo; no pretende, con apego a la vieja fórmula,  ir contándonos una historia para  develarnos  su desenlace. La intención de Haneke su director es otra. Lo suyo es, con indudable maestría,  perturbarnos con unas imágenes en cuya austeridad recae precisamente su contundencia comunicativa. Perturbarnos con unos seres que deambulan entre la condena y la perdición y que nos son  incómodamente cercanos. 

Uno de los méritos de La Cinta Blanca es revelar, como connatural a la convivencia humana, la presencia del mal, pero hacerlo sin tono de denuncia, sin fáciles aspavientos de moralidad. Lo que hace Haneke, lo que viene haciendo desde El Séptimo Continente  y desde La Profesora de Piano, es una inmersión en los subterfugios atemporales del alma humana. Es allá donde todos de alguna forma terminamos reconociéndonos, incriminándonos y culpándonos sin que emerja la siempre cómoda dicotomía entre el bien y el mal. En La Cinta Blanca ni hay un triunfo reconfortante ni hay, tampoco, una moraleja con intenciones de reconciliación existencial. Hay un ojo implacable y lúcido puesto sobre las fragilidades de la condición humana. Poco importa, para efectos de apreciar e interiorizar  esta película, si su visión sobre el hombre y su relación con el otro es pesarosa, acertada  o sombría. Sea la que fuere lo innegable es la contundencia del lenguaje que emplea. Su fotografía es sobrecogedora, su ambientación impecable, sus actores soberbios y su puesta en escena trabajo de maestro.

Suele suceder que al evaluar una película confundimos la grandeza de alguno o algunos  de sus personajes o su propia temática con  su valor narrativo y estético.  Puede parecer, por ejemplo, que el concepto que Haneke tiene sobre la naturaleza humana es oscuro o, incluso, enfermizo y se puede, legítimamente, diferir de tal apreciación pero eso no debe impedirnos poder apreciar la excelencia de su lenguaje cinematográfico, la calidad que diferencia su obra del repertorio habitual con el que solemos toparnos en la cartelera comercial.

Alguien ha dicho que La Cinta Blanca es una obra maestra; otros, quizás menos apasionados, han dicho que El color de sus ojos, la cinta argentina ganadora en el 2009 del Oscar a mejor película de habla no inglesa, no se compara con la coproducción austro alemana  y que debió ser La Cinta Blanca la galardonada en esta contienda. Desde una perspectiva objetiva y respetuosa de la diversidad de gustos y opiniones,  La Cinta Blanca merecía, a mi juicio y de lejos,  el premio de la Academia. El habérselo negado no hace otra cosa  que enaltecerla.


El cine de Haneke agrede sin lastimar, inquieta sin ofender, pregunta para nunca responder y es por eso que a la salida de la sala nos asalta un equívoco sentimiento que se debate entre el olvido de todo lo que vimos y su dolorosa permanencia en nuestra memoria.  

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