FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

domingo, 16 de junio de 2013

AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS



Película: Amor es todo lo que necesitas. Título original: Love is all you need.Título original: Den skaldede frisør. Dirección: Susanne Bier. Países:Dinamarca e Italia. Año: 2012. Duración: 112 min. Género: Comedia romántica. Interpretación: Pierce Brosnan (Phillip), Tryne Dyrholm (Ida), Kim Bodnia (Leif), Molly Blixt Egeling (Astrid), Paprika Steen (Benedikte), Sebastian Jessen (Patrick). Guion: Anders Thomas Jensen. Producción: Sisse Graum Jorgensen y Vibeke Windelow. Música: Johan Söderqvist. Fotografía: Morten Søborg.Montaje: Pernille Bech Christensen y Morten Egholm. Diseño de producción: Peter Grant. Vestuario: Signe Sejlund. Distribuidora: Golem. Estreno en Dinamarca: 6 Septiembre 2012. Estreno en España: 21 Diciembre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


Calificación : Vale la pena   




Amor es todo lo que necesitas, la última película de la premiada directora danesa Susanne Bier, es un divertimento trajeado de comedia que sin alcanzar las dulzuras y sonrisas del género, sí deja, aunque pasajera, una agridulce sensación. No obstante sus altibajos, la película logra cierta redondez que  la  distancia de la comedia superflua y banal. 

Entre los bajos de Amor es todo lo que necesitas están, esa cierta manipulación efectista de los espléndidos paisajes del sur italiano, el empleo repetitivo y poco convincente  de una boda  como  plataforma en la que afloran, muy cerca del “sí te acepto” ,  sentimientos agazapados y desconocidos y, finalmente,  el uso del cliché ya tan desgastado del hombre maduro y huraño que de repente y por obra y gracia de un amor tardío y ceniciento cambia su ceño fruncido por la ternura de una mirada generosa y conquistadora.

A todos estos recursos de rasgos sabidos y consecuencias predecibles los contrarresta, magistralmente,  la finura con la que la Bier los emplea. Imposible no darse cuenta de las ligerezas de un guión más almibarado que elaborado, pero imposible  también desconocer que  la historia  no se queda en su faceta naif y rosa.   Por encima de su propia estructura y de sus carencias argumentales, la película de la Bier alcanza un tono sugestivo y creíble. Lo alcanza, creo yo, en muy buena medida por el personaje de Ida (Trine Dyrholm), una fascinante mezcla de tontera, inteligencia, valentía y belleza.  Es en torno a ella que se edifica toda la historia: su hija, próxima a casarse, es tan solo un referente, un foco intermitente que esparce su luz sobre la madre. Otro tanto pasa con Philip (Pierce Brosnan) el padre del novio. Solitario y vanidoso,  no parece capaz de hacer otra cosas que controlar despachos de limones y rábanos alrededor del mundo, hasta que esta mujer, aparentemente insignificante, irrumpe en su vida. 


Los dos protagonistas cumplen bien su misión. Brosnan es, irremediablemente, un buen galán. Sabe mirar, sabe decir la frase oportuna y sabe, desde sus tiempos de Remington Steele, que la mejor conquista siempre empieza por hacer sentir a la mujer pretendida, admirada y  respetada. Dyrholm logra un personaje entrañable: una mujer que desde la sencillez de su oficio de tinturas y tijeras pero, sobre todo, desde la claridad que da convivir con la enfermedad, entiende que todos los suyos, ella incluida, merecen perdón y un chance de felicidad.


Puede ser que después de un balance meticuloso, estéril y odioso,  Amor es todo lo que necesitas resulte ser un trabajo con más estereotipos que brillos; sin embargo, viéndola, se siente un cierto sopor que atrapa y que la hace, sino una imperdible, sí una de esas películas que resulta grato ver porque inscrita sin vergüenza  en las filas de la comedia romántica, es una historia bien contada que reivindica, sin altavoces ni aspavientos,  el inestimable valor de lo femenino.  

Nota a deshoras: Imposible no hacer la asociación con el gran clásico de los Beatles. Aquí esta hermosa versión globalizada






sábado, 1 de junio de 2013

JOSE Y PILAR



Título original : José y Pilar

Año : 2010

Duración : 125 min.

País:  Prutugal

Director: Miguel Goncalvez Mendes


Guión : Miguel Goncalvez Mendes

Fotografía : Daniel Nieves

Reparto : José Saramago, Pilar del Río

Género : Documental , biográfico

Web oficial : www.joseepilar.com  


Calificación : Buen plan

Hay que diferenciar. Una cosa es la empatía, la simpatía o la antipatía que pueda generarnos un personaje por su conducta o su forma de ver y vivir la vida y otra, distinta, el agrado o el desagrado que pueda producirnos el relato cinematográfico que  se ocupa de este mismo personaje.  La importancia de esta distinción se agudiza cuando se trata de una película documental. En este género  se trata ya no de unos actores que encarnan postizamente las vidas de otros, sino de seres reales a quienes la cámara aspira a capturar sin otra distorsión, que no es poca, que la que se produce en el tránsito de la realidad a la imagen. Una cosa es entonces, en el documental, que la forma de apresar y expresar una realidad (comúnmente la vida de algún notorio) nos parezca buena o  fallida y otra que esa misma realidad (ese alguien que nos es representado) nos plazca o nos disguste estética, moral o éticamente. Un documental sobre el sicariato nos puede parecer extraordinario así nos repugne hasta la médula ese aberrante oficio y, sobre todo, la decadencia social que lo propicia.  Lo propio, a la inversa,  puede sucedernos con un documental sobre la forma como en gimnasios anónimos y oscuros se forman, a punto de hambre y ansias, esos boxeadores que luego muerden, como desquitándose de la vida, sus preseas olímpicas. El tema puede subyugarnos pero la forma de contárselo puede decepcionarnos. Sin duda una cosa es el como se cuenta y otra, lo contado.

En José y Pilar (2010) , el documental del director portugués Miguel Goncalves Mendes,  hay entonces que diferenciar entre el gusto o el disgusto que pueden provocarnos las figuras públicas del propio Saramago y su esposa, la española Pilar del Río, y el  brillo o la opacidad de la película que recoge los últimos años del primero y la intensidad de la segunda.  Personalmente no me gustan los primeros y no me gustó la segunda.  

Como muchos llegué a Saramago a través de sus subyugantes novelas. Me fascinó El ensayo sobre la ceguera,  El Evangelio según Jesucristo y, especialmente,  Todos los nombres. Más tarde, cuando Saramago empezó a aparecer en noticieros y diarios me encontré con un hombre genial pero apático, brillante pero frío, portador y defensor de un discurso social pero privado de toda calidez humana. Como tantas otras veces me dije que el mejor y más limpio contacto con los escritores es siempre a través de sus obras y no  a través de sí mismos. Mejor quedarse con don José, el burócrata notarial de Todos los nombres que se enamora de una desconocida, que con el otro José que le dio vida al primero.  

De Pilar del Río poco o nada sabía y en la película nos la presentan como una mujer que se encaprichó hasta la obsesión con el Nobel no  para acompañarlo y secundarlo en su labor creativa , sino para lograr que los faros mediáticos buscándolo a él terminaran posándose en su compañera redentora.  A lo mejor la del Río, periodista de oficio, es una gran y desinteresada mujer. No lo sé. Lo que sí sé es que la imagen que me quedó de ella fue la de una habilidosa y muy superficial titiritera que se dedicó, tras el sospechoso rótulo de la trabajadora incansable,  a exponer, a cabestro diría yo, al pobre Saramago ante cuanta cámara y micrófono hubiera en el camino.

Pero una cosa es que ese Saramago y esa Pilar no me simpaticen y otra que eso convierta en buen o mal documental biográfico a José y Pilar. Si a mi juicio José y Pilar es un documental fallido y del todo prescindible es porque con él se desperdició la oportunidad de adentrarse en el desconcertante mundo del Nobel portugués, un mundo marcado por la brillantez de sus creaciones y por su visión atea y árida de la condición humana.  Se dejó ir la oportunidad para conocer, algo más de cerca, ese contraste entre el escritor de una sensibilidad extrema y el hombre político que pregonaba la igualdad desde su pedestal de odiosa superioridad.

José y Pilar es, sobretodo, Pilar y José.  Es ella la que aparece como el eje que soporta todos los giros. Si Saramago se mueve es por el impulso de ella; si Saramago lucha es porque ella lo motiva a hacerlo y si Saramago se embarca alocadamente en cuanto avión pueda transportarlo de un continente a otro, es porque ella es la hacedora insaciable de esas apretadas agendas. El Saramago de José y Pilar no es entonces ni el pensador polémico y ácido ni, mucho menos,  el creador polifacético que habló  tantos y tan disímiles lenguajes a través de sus personajes  El Saramago de José y Pilar es , sobretodo, el José de Pilar según la visión egocéntrica y absorbente de esta última.

Nunca he creído, con el adagio popular, que detrás de cada gran hombre hay siempre una gran mujer. Eso del detrás de  me parece pedante, odioso y soberanamente mentiroso.  Al lado de cada gran ser, hombre o mujer, suele haber otros, hombres y/o mujeres, que lo complementan, acompañan y justifican. Esa y no otra es nuestra condición. En José y Pilar quiso mostrarse la grandeza de la compañera del Nobel y en lo que terminó la película fue en la caricaturización de un grande y en el elogio, empalagoso hasta el hastío, de una mujer que quizás nunca entendió, como sí Saramago,  que la discreción es siempre la mejor aliada de la creación. 





miércoles, 1 de mayo de 2013

ALL THAT REMAINS





Título original : All that Remains 


Año : 2012

Duración : 89 min.

País: Suiza


Guión : Pierre-Adrian Irle, Valentin Rotelli


Género :Drama


Clasificación: Muy recomendada

Acaba de finalizar, acá en Bogotá, Eurocine 2013.  Con la facilidad que dan un marcador, el programa impreso del festival y , sobretodo, un montón de ganas, señalé las siete u ocho películas que vería esta vez.  Como tantas otras veces el asunto se quedó en el deseo y terminé viendo apenas dos. La suiza All that remains y la portuguesa Pilar e yo.

En la programación del Eurocine 2013 All that remains hace  parte del grupo de películas de carretera o road movies. Junto a ella, en esta misma categoría, el festival exhibe  El viaje a ninguna parte (España 1986), Jízda (República Checa 1994), Rabat (Bélgica – Países Bajos 2011) y The Pohjoiseen (Finlandia 2012).

Como sus congéneres, All that remains más que suceder o acontecer, rueda.  Se trata  de dos dispares parejas que emprenden sus travesías de camino sin ningún vínculo entre quienes las conforman y sin otro propósito que el de volcar en la vía un montón de sentimientos que les están reventando el alma. Las parejas, empujadas por una incomprensible suerte, comparten el mismo vehículo, la misma ruta, la misma travesía. Sin embargo los móviles que los llevan a botarse a la vía y los destinos que persiguen o de los que huyen son, al menos eso creen ellos, profundamente distintos.  Un primer gran atractivo de la película es la delicada forma como ambas parejas van evolucionando desde su burda disparidad hacia una empatía que nada tiene que ver con amistades forzadas o con enamoramientos rutilantes.  La pareja conformada por el hombre mayor, oriental él,  y la muchacha es, pese a los años, las culturas y las vidas que los separan, enigmáticamente armónica y complementaria. No se necesitan, no se buscan, no se entrelazan en el torrente humano de las ansias y las dependencias; simplemente se reúnen en el camino para recorrer juntos un fragmento que los marcará por siempre. La otra pareja, llamada quizás a un encuentro fugaz de cuerpos,  no hace más que reconfirmar, él con sus silencios y ella con sus inagotables parlamentos, su compartida condena a la soledad. Son sus diferencias las que de alguna manera los asemejan y es la imposibilidad esencial de compartir la que les permite, recíprocamente, aproximarse al indescifrable mundo del otro.

Hay, en All that remains, una fascinante quietud que contrasta con su idea central de permanente movimiento. Aunque nada se detiene, aunque todo rueda y aunque todo parece ir quedándose a la vera del camino, hay una constante sensación de quietud. Los distintos viajes que todos emprenden, suceden más por dentro. Las carreteras y sus impactantes paisajes no son más que un pretexto para hacernos ver que los viajes emprendidos no siguen ni una lógica de tiempos, ni una lógica de partidas y arribos.  Son travesías en las que el movimiento más que desplazar a los viajeros ,  remueve sus sentimientos, sus dolores y, en medio de ellos, el sinsentido perdurable de sus esperanzas. All that remains nos recuerda, con maestría visual y con un ritmo narrativo muy bien medido, que cuando estamos en movimiento pensamos y sentimos de otra manera.  De alguna manera no somos los mismos cuando el paisaje desfila veloz por nuestra ventanilla que cuando estamos inmersos en él. Cuando el avión aterriza, cuando el tren llega a su estación o cuando el auto se estaciona, no solo son ellos los que se detienen; algo en nosotros que con ellos se movía, también se detiene. Nos pensamos mejor desplazándonos por virtud del  movimiento que no es nuestro, que estando quietos. De alguna inexpresable y paradójica manera, la quietud que a veces demanda el alma, se la encuentra mejor dejándonos llevar por una carretera que nos conduzca a ninguna parte.  Es esto lo que a mi juicio transmite con enorme belleza y con sensible agudeza All that remains

No sé si Pierre-Adrian Irle y Valentin Rotelli, sus directores y guionistas, conozcan la obra del maestro Ozu. Quiero pensar que sí porque en varias ocasiones se siente ese lente minucioso que se posa sin afanes sobre un puente, o sobre un aviso de neón o sobre un enjambre de techos destacando de ellos un detalle que otra lente no habría percibido. Pienso por ejemplo en la escena donde el oriental y la muchacha comparten habitación en el hotelito de carretera. Como en las películas de Ozu, la cámara se arrodilla para estar a la altura de sus objetivos y transmitirles - y transmitirnos -  una indescriptible calidez de intimidad y cercanía. A este manejo magistral del lente se suma una fotografía que extasía y una música que lo envuelve todo con un tono que sin dramatismos ni exageraciones bordea perfectamente la suave melancolía.

Seguramente dejé de ver grandes joyas en el Eurocine que acaba de dejarnos.  Pero como en otras ocasiones y como suele pasarme cuando me acerco a los estantes de una librería y me decido, sin guía alguna, por aquel libro que pareciera haberme hecho algún guiño para que lo escogiera,  haber visto All that remains fue la confluencia de la suerte y de  un viejo gusto  por las películas de carretera. Siempre me ha gustado eso de irme sin tener que moverme.

sábado, 27 de abril de 2013

EFECTOS SECUNDARIOS





Título original  
Side effects 
Año
2013
Duración
109 min.
País
 Estados Unidos
Director
Steven Soderbergh
Guión
Scott Z. Burns
Música
Thomas Newman
Fotografía
Steven Soderbergh
Reparto
Rooney MaraJude LawCatherine Zeta-JonesChanning TatumVinessa Shaw,David CostabileAndrea BogartPolly Draper
Productora
Entertainment One / 1984 Private Defense Contractors / Di Bonaventura Pictures / Endgame Entertainment
Género
ThrillerIntriga | MedicinaDroga



Clasificación : Buen plan 

Sorprender no  siempre  es conquistar; sobresaltar no equivale a acertar. En esta oportunidad Steven Soderbergh, el versátil e irregular director de películas como Ocean´s Eleven (2001), Traffic (2000) y Sexo, mentiras y cintas de video (1989),  intenta construir , con muy buen material de base, un thriller complejo y sofisticado pero al final el resultado no es otro que una historia enrevesada que sacrifica los componentes atractivos de su guión por el sobrevalorado espejismo de un final inesperado.

En Efectos Secundarios Emily (Rooney Mara) es una mujer con trastornos emocionales que acude a un siquiatra, el Dr. Banks (Jude Law), para que la ayude a superar la conmoción del reencuentro con su esposo recién salido  de la cárcel y al que siente y resiente como una presencia indescifrable y amenazante. La ruta terapéutica no es otra que la del paraíso, artificial e infernal, de los fármacos. A partir de este planteamiento los hilos tensos del relato empiezan a entrecruzarse de tal forma que no es su propia tensión, como en los buenos thrillers, la que termina por romperlos, sino que es su equivocado planteamiento el que termina enredándolos.  Hasta la mitad de la película los temas insinuados son, principalmente, la ética médica, la ambición voraz de la industria farmacéutica y la concepción, manipulada desde distintas esferas del poder establecido, de la salud humana.  Temas como estos que  permitían presagiar una historia sustanciosa, se botan de pronto por el primer desagüe que se encuentra y en su lugar la historia opta por la ficha devaluada y plástica de un drama enredado que pretende brillar solo porque su  final es distinto a aquel que todos imaginábamos. Sí, sorprender no siempre es conquistar y sobresaltar no equivale acertar. Steven Soderbergh  anunció un número de elaborada prestidigitación y terminó con el truquillo  barato de la baraja marcada.

La fórmula del buen thriller, como tantas otras, ya está inventada sin que ello quiera decir que los márgenes de sorpresa de este género sean escasos. Aunque pudiera sonar paradójico o contradictorio, en este tipo de películas la capacidad de asombrar o innovar siempre parte del respeto a un modelo establecido al que solo se le supera bien cuando se lo enriquece, no cuando se lo ofende, desconoce o , simplemente, empobrece. El thriller no es más que el arte de tejer una telaraña y lograr que sea la cuasi invisibilidad de sus hilos la que genere una sensación insuperable de emoción y agarre . El buen thriller envuelve sin agredir, dosifica el aire sin ahogar y copa toda nuestra atención dispensándonos de pensar. En el caso de Efectos Secundarios seguramente otro  hubiera sido el resultado de la película si no se pone en juego tanto para sacar de ello tan poco; el cine está lleno de majestuosos ejemplos de cómo hacer cosas grandes a partir de las muy  pequeñas cosas.

Del reparto sobresale Rooney Mara que logra empujar una historia que siempre está bordeando el despeñadero de la confusión; su papel es sólido y convincente al punto de ser ella quien opaca a sus afamados compañeros de reparto. Jude Law lo hace bien, solo bien. La corrección de su actuación pone en evidencia que la historia que no se llegó a contar le habría sacado mucho más brillo a su capacidad actoral. Y de la Zeta-Jones solo decir, sin pedir perdón,  que en mi abecedario actoral la mujercita de Douglas ocupa exactamente el puesto de la letra que la apellida.         

domingo, 10 de marzo de 2013

LA NOCHE MÁS OSCURA - ZERO DARK THIRTY



TÍTULO ORIGINALZero Dark Thirty
AÑO2012
DURACIÓN157 min
PAÍSEstados Unidos
DIRECTORKathryn Bigelow
GUIÓNMark Boal
MÚSICAAlexandre Desplat
FOTOGRAFÍAGreig Fraser
REPARTOJessica ChastainJoel EdgertonTaylor KinneyKyle ChandlerJennifer Ehle,
Mark Strong,Chris PrattMark DuplassHarold PerrineauJason Clarke,
Édgar RamírezScott Adkins,Frank GrilloLee Asquith-CoeFredric Lehne,
James GandolfiniReda KatebFares Fares,Stephen Dillane
PRODUCTORAColumbia Pictures / Annapurna Pictures
WEB OFICIALhttp://www.zerodarkthirty-movie.com/
PREMIOS2012: Oscar: Mejor montaje de sonido (ex-aequo). 5 nominaciones.
2012: Globos de Oro: Mejor actriz dramática (Chastain). 4 nominaciones
2012: Critics Choice Awards: Mejor actriz (Chastain) y mejor montaje. 5 nom
2012: Premios BAFTA: 5 nominaciones, incluyendo mejor película y actriz
2012: National Board of Review (NBR): Mejor película, director y actriz
2012: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película, dirección y fotografía
2012: Satellite Awards: Mejor guión original. 5 nominaciones
2012: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor montaje
2012: American Film Institute: Top 10 - Mejores películas del año
2012: Directors Guild of America (DGA): Nominada a Mejor director
GÉNEROThrillerAcciónDrama | Terrorismo11-SBasado en hechos reales
Clasificación: Vale la pena


Una de las claves esenciales del cine es el manejo de la mentira.  La  cámara necesariamente transfigura lo que mira. Cuando el lente se posa sobre un rostro o sobre un aviso de neón o sobre un rostro que atrás tiene un aviso de neón, la cámara hace de ellos y con ellos otra cosa; sí un rostro, sí un aviso de neón, sí un rostro que atrás tiene un aviso de neón pero  distintos, sutil pero profundamente distintos,  a aquellos en los que se posó y de los que se sirvió para moldear otro rostro, otro aviso de neón, otro rostro que atrás tiene un aviso de neón. Nada de lo que salga en el cine, ni siquiera en el que se pretenda más real o documental, puede ser verdad. El cine es lo que es porque falsea todo cuanto ve, toca y relata.  No importa cuales sean sus modalidades - pictórica, verbal, plástica, musical o visual -  todas nuestras aproximaciones de expresión a  la verdad son apenas eso, aproximaciones o, quizás más bien, variaciones en torno a un objeto que se sospecha verdadero. La humana propensión a nominarlo todo,  a encapsularlo todo en un concepto, a reducirlo todo a un rótulo que aspira a confundirse con lo rotulado, es  la inevitable condena, mágica y trágica a la vez,  a vivir en un mundo de mentiras. El cine es una manera más de aprehender algo revestido de aparente verdad con el fin de expresarlo en un plano adyacente a ese otro que llamamos realidad. Es precisamente la precariedad de nuestras verdades la que propicia que las miremos desde otras ópticas, el cine una de ellas, para completarlas, para que la mentira que la exprese se adhiera a su enclenque verdad y sobrevenga así otro tipo de verdad.

Hay películas, no pocas, que se presentan con el embauco de basarse en hechos reales pero que desde un comienzo dejan ver su irredimible entrega a la mentira; películas que no vacilan en sumergirse desde la primera escena en las confortables y a veces también turbias aguas de la ficción. La entrega a la mentira o la inmersión en la ficción no son, per se, ni negativas ni positivas. La una y la otra no son más que la esencia misma del cine y de su tratamiento depende la fortuna de toda película.

Bajo nobles pero torpes intenciones de apego a la verdad, Zero Dark Thirty pretende la reproducción objetiva y desapasionada de la tortuosa búsqueda de Osama Bin Laden; en su intento la película se sume en una complejidad innecesaria y tediosa. Todos han dicho y diré con ellos que el relato está bien armado y que la estructura de la película es contundente y sólida. Pero son estos mismos calificativos los que le niegan la plasticidad y la levedad - que no la ligereza -  propias de todo buen relato. Las más de dos horas de proyección vencen la más estoica de las atenciones y dejan en el espectador una sensación de documental maquillado  de un maniqueísmo para justificar torturas y venganzas por fuera de todo derecho.

La dirección de Kathryn Bigelow es impecable, pero el problema es que es lo es en demasía. Le faltó lo que le sobró en The Hurt Locker: ese adentrarse en la historia pero no con las pinzas finas del historiador sino con la intromisión del sicólogo o con el descaro del fabulador. En Zero Dark Thirty uno no se siente ni ante la minuciosa reconstrucción de un acontecimiento ni, menos aún, frente a una mirada arriesgada capaz de darle a ese acontecimiento  un nivel distinto de verdad. 

En esta oportunidad la Bigelow sacrificó el  desborde de la sensibilidad por la frialdad del tecnicismo. Se ha dicho de ella que es una de esas directoras que no se arruga frente a temas normalmente tratados por directores hombres. De hecho, Loveless (1982) su primera película acerca de una banda de pandilleros en los cincuentas es para algunos una pieza de culto en la galería del cine violento . Más allá de estas dudosas correlaciones de género, lo que sobresale en el cine de la Bigelow  es ese balance no premeditado entre la barbarie y la atrocidad de las que es capaz el ser humano y su facultad  de asombrarse ante lo elemental y cotidiano.  La feminidad - honda precisa y detallista - puesta al servicio de un relato sin tapujos ni fronteras.  El reto, sin duda alguna enorme, de querer recrear esta persecución obsesiva, llevó a la Bigelow a negarse esas concesiones subjetivas que, para bien o para mal, terminan poniéndole el sello personal a toda expresión creativa. Por apegarse a una supuesta verdad no solo terminó distanciándose de ella sino que desperdició la oportunidad de recrear la suya, tiznada o tamizada como toda verdad, por sus propios anhelos y sus inevitables sesgos. 

Zero Dark Thirty no es una mala película ni es, tampoco, una buena película. Es una aproximación bien elaborada pero fallida a lo que pudo ser, con mucha menos precisión y con mucha más introspección, pasión y  riesgo,  una buena película. 

Nota a deshoras: Buena esta crítica. Desparpajada, fresca y certera






sábado, 2 de marzo de 2013

SILVER LININGS PLAYBOOK - JUEGOS DEL DESTINO




TÍTULO ORIGINALSilver Linings Playbook
AÑO2012
DURACIÓN120 min
PAÍSEstados Unidos
DIRECTORDavid O. Russell
GUIÓNDavid O. Russell (Libro: Matthew Quick)
MÚSICADanny Elfman
FOTOGRAFÍAMasanobu Takayanagi
REPARTOBradley CooperJennifer LawrenceRobert De NiroJacki WeaverChris Tucker,
Julia Stiles,Anupam KherJohn OrtizShea WhighamDash MihokPaul Herman,
Brea Bee
PRODUCTORAMirage Enterprises / The Weinstein Company
WEB OFICIALhttp://silverliningsplaybookmovie.com/
PREMIOS2012: Oscar: mejor actriz (Jennifer Lawrence). 8 nominaciones.
2012: Globos de Oro: Mejor actriz comedia/musical (Lawrence). 4 nominaciones
2012: 4 Critics Choice Awards: Mejor comedia, actor, actriz de comedia y reparto.
2012: Premios BAFTA: Mejor guión adaptado. 3 nominaciones
2012: Festival de Toronto: Mejor película (premio del público)
2012: Independent Spirit Awards: Mejor película, director, guion y actriz
2012: Premios Gotham: Nominada a Mejor reparto
2012: Satellite Awards: 5 premios, incluyendo Mejor película y director.
2012: National Board of Review (NBR): Top 10, Mejor actor (Cooper)
2012: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor actriz (Jennifer Lawrence)
2012: American Film Institute: Top 10 - Mejores películas del año
2012: Hollywood Film Festival: Director, Actor (Cooper, De Niro)
GÉNERORomanceDramaComedia | Comedia románticaComedia dramática
Calificación : Muy recomendada

Silver Linings Playbook, entre nosotros Juegos del Destino, era mi Oscar 2013 para mejor película. Explico mis razones. La última película de David O Rusell (The Fighter 2010) es una comedia inusual porque logra un muy balance entre ese cosquilleo epidérmico del cuento romántico y el estremecimiento del drama sincero. Pat (Bradley Cooper) y Tiffany (Jennifer Lawrence) se conocen en las circunstancias menos propicias para el romance: él acaba de salir de una institución mental y, deshecho su matrimonio, regresa a casa de sus padres; ella, tan  o más deschavetada que él, se pasea por el mundo con el pesado fardo de la marginalidad y la incomprensión. Con el deseo de aplacar su mente galopante, Pat sale a trotar y es en una de sus correrías que se topa con esta mujer, una mujer que a la vez que lo asfixia con la desmesura de su sinceridad, lo desafía para que se abra a la posibilidad de un cambio radical en su vida.


El guión de Rusell, basado en el libro de Matthew de Quick, ni se va por la línea fácil del enamoramiento almibarado, ni tampoco se hunde en la amargura de su negación.  Pat y Tiffany están a igual distancia de la pareja de ojos entornados y manos entrelazadas que de aquella otra, disfuncional y traumática, ensañada en su autodestrucción.  Estando, la pareja de Pat y Tiffany, a leguas de distancia de estos dos arquetipos, toma de ambos algunos elementos para transmitir, en tono de comedia,  la sensación de que toda relación tiene inevitablemente sus marcas de cordura y,  bendito sea dios, su sello indeleble de locura.

Mi Oscar no premia la contundencia de una imprescindible película; agradece más bien una historia muy bien contada a la que nos enganchamos de principio a fin no solo con el inocultable y legítimo  deseo de que esa pareja disfuncional y amorfa llegue a algo, sino también con el reconocimiento de que, más allá de los rótulos médicos,   todos en este mundo estamos un tanto desquiciados. 

Juegos del Destino es un homenaje a la imperfección, a la posibilidad anónima de vivir una vida sin aspavientos de felicidad o sin insulsas ambiciones de superación.  Russell lo transmite sin la chabacanería de la comedia de pacotilla y sin la pesadez del drama angustiado.  Pat y Tiffany no son la pareja ideal, como ideales tampoco son sus familias. Son los seres que son y más  retratar fielmente de algún tipo de relación humana, lo que logra Juegos del Destino es hacer de ellos unos personajes cuya  irrealidad  nos fascina porque nos devuelve, por los instantes infinitos de toda buena película,  a nuestra propia fragilidad y a la posibilidad única que tenemos de vivir con ella cada día.

Un par de líneas sobre la Lawrence. Para algunos, una actriz que rebosa talento y que se lleva el mundo por delante con su fuerza interpretativa. Para otros, una actriz sobre valorada a la que faltan largas horas de escuela actoral.  Para mi, una  piedra que si bien todavía admite pulimento y talla, ya es, de lejos, preciosa. Si mi pronóstico falló en el Oscar para mejor película, acertó en cambio en la Lawrence como merecedora de la estatuilla a mejor actriz.  Tendremos, no les quepa duda, Jennifer para rato.

Leyendo la crítica, especialmente la europea, es común la nota descalificadora por el happy end de Juegos del Destino. Como tantas otras veces, discrepo de quienes creen que el final de Juegos del Destino la demerita. El final feliz de esta película no es una impostura ni es, tampoco, un falsete desatinado. Es una manera de redondear una historia que lejos de pretender remates fantasiosos y perfectos, lo único que quiere es decir que la vida puede alcanzar, rozar tal vez , fugaces momentos de felicidad.

Nota a deshoras: Una buena escena