FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

sábado, 1 de septiembre de 2012

EL CABALLERO OSCURO: LA LEYENDA RENACE


TÍTULO ORIGINALThe Dark Knight Rises (Batman 3)
AÑO2012
DURACIÓN164 mi
    PAÍS  Estados Unidos
DIRECTORChristopher Nolan
GUIÓNChristopher Nolan, Jonathan Nolan (Historia: Christopher Nolan, David S. Goyer.
Personajes: Bob Kane)
MÚSICAHans Zimmer
FOTOGRAFÍAWally Pfister
REPARTOChristian BaleTom HardyAnne HathawayMichael CaineGary Oldman,
Joseph Gordon-LevittMarion CotillardMorgan FreemanMatthew Modine,
Ben MendelsohnJosh Stewart,Juno TempleJosh PenceNestor Carbonell,
Brett CullenTom ContiAlon AboutboulDaniel SunjataAidan Gillen,
Cillian MurphyLiam Neeson
PRODUCTORACoproducción USA-Reino Unido; DC Entertainment / Legendary Pictures / WBP
WEB OFICIALhttp://wwws.warnerbros.es/batman3/
GÉNEROThrillerAcciónDrama | SuperhéroesCómicDC ComicsSecuela


Calificación : Vale la pena

Suelo referirme a las películas que veo cargándolas de adjetivos. Digo - o escribo - de aquella que es, por ejemplo, austera, mesurada, discreta y contenida mientra que a aquella otra le atribuyo las notas de asertiva, inteligente, enigmática y desconcertante. Me encanta adjetivarlo todo y suelo olvidar que el uso indiscriminado de adjetivos siempre trae como efecto su propia desvalorización. Cuando tras el objetivo de lograr una acertada caracterización se abusa de los adjetivos, lejos de lograrla  lo que se obtiene es un amasijo muy distante de la precisión y enemigo de la concisión.

El caballero oscuro: la leyenda renace, la tercera película de Cristopher Nolan sobre el hombre murciélago, se presta, como pocas, para la desmesura en materia de adjetivos. Es tal la ambición de este tercer relato que todo en él parece cruzar la línea de la justa medida. La historia es,  sobretodo al comienzo, compleja al punto tal que el espectador se ve tentado a no seguirla al detalle y rendirse mejor al estruendo excesivo de sus escenas. Al reparto estable que rodea a Batman se suman ahora unos personajes - buenos algunos, otros no tanto - que en lugar de contribuir a la polarización entre las fuerzas del bien y del mal la diluyen y enredan. El recurso narrativo de brincar en el tiempo para resolver la intriga  se concentra en la parte final del relato restándole la fluidez que la historia demandaba. Son, en fin, muchos los excesos en esta tercera película y son ellos los que deslucen a un personaje al que se ha querido caracterizar por su soledad y su introspección.

El caballero oscuro: la leyenda renace es más un jolgorio visual que una buena película. Esta vez Nolan, brillante en sus antecesoras, se va por la línea fácil de privilegiar el entorno debilitando así al personaje y su historia. Pareciera ya no tener mucho que decir - ni que hacerle decir - al hombre enmascarado y es por eso que se va, a toda velocidad, por las autopistas paralelas diseñadas con las historias de los  nuevos personajes con el propósito de agruparlos al final con un Batman que a la postre resulta, entre tantos y tan intrincados relatos, opacado.

El que Batman sea – o, mejor, que lo hayamos convertido – en  el oscuro caballero de la noche no quiere decir  que deba limitarse a ser, con la insalvable dependencia de quien la proyecta, una mera sombra. En esta tercera entrega de la serie de Nolan son tantos y tan disímiles los elementos que rodean a Batman que este deja de ser el epicentro de la historia. Uno de los muchos aciertos de El caballero de la noche y de Batman Begins es que en ellas Batman se marca muy bien por el contraste con su entorno, por la confrontación no sólo con el mal organizado sino con el propio bien oficial cuyos protocolos no comparte. La inolvidable y ya emblemática actuación de Heath Ledger como el Guasón en El caballero de la noche no sólo le dio una arrasadora contundencia a este personaje sino que, por ese antagonismo extremo que revela ciertas proximidades,  enalteció las virtudes del que para muchos, yo entre ellos, es el héroe ficto de todos los tiempos. En esta nueva entrega Batman es más un referente de cohesión hacia el que confluye la narración que su motor de impulsión.

Del reparto de El caballero oscuro: la leyenda renace hay que destacar tanto a Joseph Gordon-Levitt como a Anne Hathaway. El primero porque con una actuación muy acertada y mesurada logró que su personaje rompiera el cerco vicioso y completamente artificioso que se ha armado en torno al homosexualismo de Robin, y la segunda porque esta nueva Gatúbela no es una felina secundaria sino una mujer cuya sensualidad está apuntalada, no tanto por su exuberante cuerpo como por su inteligencia sarcástica. De los otros dos malos, Tom Hardy y Marion Cotillard, solo decir que la estatura de una actuación depende no sólo de las virtudes del actor sino, en una muy importante medida, del perfil del personaje que este encarne. En este caso a la Cotillard y  a Hardy les encomendaron unos personajes cuya maldad ni siquiera se aproxima a la legendaria perversidad de ese Guasón  que Ledger se llevó a su tumba.

Admito que fracasé en mi intento de esquivar tanta adjetivación. Ha de ser, seguramente,  por lo mucho que me gusta el personaje de Batman. Verlo así, como lo vi  en El caballero oscuro: la leyenda renace , apabullado en medio de un despliegue forzado de música incidental, historias paralelas, personajes circundantes  y efectos especiales, me produjo cierta desazón. Prefiero a ese Batman que tiene que lidiar no solo contra el multiforme mal sino, también, contra los fantasmas de su propia humanidad. Si eche mano de más de los adjetivos que debieran haberse utilizado, fue con el fin de salvar al verdadero Batman de una manipulación disfrazada de exaltación. Hasta los super héroes necesitan de vez en cuando nuestra ayuda.



     


domingo, 29 de julio de 2012

UN CUENTO CHINO


ÍTULO ORIGINALUn cuento chino
AÑO2011
DURACIÓN93 min
PAÍSArgentina
DIRECTORSebastián Borensztein
GUIÓNSebastián Borensztein
MÚSICALucio Godoy
FOTOGRAFÍARolo Pulpeiro
REPARTORicardo DarínIgnacio HuangMuriel Santa AnaIván RomanelliVivian Jaber,
Enric CambrayPablo SeijoJoaquín Bouzas
PRODUCTORACoproducción Argentina-España; Pampa Films / Tornasol
PREMIOS2011: Festival de Roma: Mejor película, Premio del público
2011: Premios Goya: Mejor película iberoamericana
GÉNEROComediaDrama | Comedia dramática


Calificación  : Vale la pena

En Un cuento chino Roberto (Ricardo Darín) es un una suerte de ermitaño urbano cuya cueva de aislamiento es su modesta ferretería de barrio en la que se pasa el día contando bombillas y clavos y, claro, maldiciendo a uno que otro cliente que por allí se asoma.  Un hecho inesperado, el encuentro con un joven chino que no habla una sola palabra de español, le dará un giro a esa vida grisácea y sacará a flote lo peor - pero, también, lo mejor - de un hombre atrapado en la neurosis de su micro mundo urbano y rutinario.

Al finalizar la jornada, después de bajar las rejas de su negocio, Roberto se entrega a su pasión oculta: buscar en periódicos esas noticias extremas que resumen el sinsentido y la estulticia de la raza humana. Las busca con pericia minuciosa para luego recortarlas y almacenarlas en fólderes que más tarde apilará en un rincón de su taciturno apartamento.

Yo no sé bien a que se refieren algunos cuando con una fingida condescendencia se refieren a una película diciendo que es menor. Supongo que con eso quieren decir que la película les pareció buena pero no tanto como para colocarla en los estantes del gran cine. Las películas menores, si entiendo bien el concepto,  pasan la prueba de la buena confección pero no son prendas que merezcan mayor exhibición o perdurabilidad. Son, esas películas menores, adolescentes  fugaces a las que les faltó madurez y encanto para llegar a ser las mujeres, perturbadoras e inolvidables, que pretendieron ser.

No me parece que Un cuento chino sea una película menor. Si hemos de quedarnos en este riesgoso paralelismo de edades yo diría que es lo suficientemente mayor como para atraparnos en esa atmósfera que por fuera de toda grandilocuencia lo único que quiere es mostrarnos, con negras pinceladas de humor,   que tras la más sombría y taciturna de las existencias  siempre se esconde una posibilidad redentora, por fútil y ordinaria que esta pueda parecer.

En cuestiones de gusto en el cine hay, como en botica, un poco de todo. Hay quienes adoran las gestas homéricas; se sienten transportados ante esas escenas en las que miles de extras se movilizan hacia batallas descomunales o en las que las fantasías tecnológicas simulan, con sorprendente facilidad, la hecatombe de ciudades enteras o confrontaciones intergalácticas  . Hay otros, me cuento entre ellos, cuya transportación cinematográfica se logra con la simpleza de esa escena en la que un viejo abre cada mañana su local  en el que funciona una  fábrica de medias.

Un cuento chino tiene el encanto de lo ordinario. En ella nadie es particularmente bello lo que hace que todos sus personajes adquieran una inexplicable belleza ; como la vida esta plagada de eventos deslucidos y repetitivos, un Cuento chino es un relato de como la ordinariez puede verse de pronto importunada por un hecho extraordinario que lejos de contrariarla o negarla se limita a sonsacarle, ocultísima, su propia fantasía.

Darín está, como suele siempre estarlo, extraordinario. El papel le va a la medida y viéndolo uno se da cuenta, así sea por un momento, que nuestras ciudades están repletas de Robertos sombríos que se van secando  a fuerza de rutinas y hastíos y para los que talvez exista, en los resquicios de su ordinariez, discretos destellos de salvación.

Cuando fui a ver Un cuento chino sabía bien a que iba.  Película argentina con Darín. Con eso, casi todo estaba dicho y aunque nada es prenda de nada en materia de cine,  tenía asegurado mi encuentro con esa cultura filósofa, urbana, engreída, burlona y desesperanzada del pueblo argentino. 

Sin apelar a los ya tan desgastados realismos mágicos, Sebastián Borensztein, su director y guionista, logra un trabajo compacto en el que la simpleza de sus personajes y la aparente candidez de su historia, son el factor clave para lograr un relato cuyo tono esquiva con éxito el facilismo de la cometida barata y, sobre todo, la sensiblería del drama de pacotilla.

Me pongo a pensar, ya para terminar, si Borensztein habrá considerado otros finales. Me parece que el de Un cuento chino traiciona la línea sarcástica y gris que conduce toda la película.  Sin embargo y pensándolo bien se trataba de un cuento chino y para honrar esa condición tenía que tener ese toque fantasioso que no hace más que realzar el tan humano deseo  de los finales felices.     

domingo, 8 de julio de 2012

LE HAVRE


TÍTULO ORIGINALLe Havre
AÑO2011
DURACIÓN93 min
PAÍSFinlandia
DIRECTORAki Kaurismäki
GUIÓNAki Kaurismäki
MÚSICAVarios
FOTOGRAFÍATimo Salminen
REPARTOAndré WilmsKati OutinenJean-Pierre DarroussinBlondin MiguelElina Salo,
Jean-Pierre LéaudEvelyne Didil
PRODUCTORACoproducción Finlandia-Francia-Alemania.
PREMIOS2011: Premios Cesar: 3 nominaciones: mejor película, director y diseño
2011: Festival de Cannes: Premio FIPRESCI. Sección oficial a concurso
2011: Premios del Cine Europeo: 4 nominaciones, incluyendo mejor película
2011: Critics Choice Awards: Nominada a Mejor película extranjera
2011: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2011: Nominada Premios David di Donatello: Mejor película 
Calificación : Vale la pena


Solo elogios se leen de Le Havre, la última película del director finlandés Aki Kaurismaki de quien, acá en Colombia, lo único proyectado ha sido esta cinta del año pasado. Se la describe, con hierático respeto por su director, como un abrazo cálido, como  un elegante cuento de hadas, como la máxima depuración de su identidad estilística y, para redondear tanta loa, como una película lacónica, romántica, poética y elegante.

Sí y no y vamos por partes. Es indiscutible que Kaurismaki tiene un estilo propio y que su técnica narrativa - atemporal, fría, irrealmente real y algo teatral - marca, incluso dentro del cine europeo, una nota singular. Imposible desconocer que en Le Havre estamos ante un trabajo bien manufacturado que se deja ver con una placidez que está más allá de la entretención. Sin embargo  también hay que atreverse a decir que en este híbrido entre el drama y la comedia Kaurismaki se queda a mitad de camino porque pese al encanto aislado de las piezas de su relato, con  las mismas no se logra redondear una historia convincente y, menos aún, perdurable. La razón es que Le Havre apela sin mayor cohesión a una serie de elementos que se salen del común pero que se salen sin un destino definido y se quedan en el impacto visual de lo diferente, insuficiente cuando se trata de armar una buena película. 

Los insumos subversivos de Kaurismaki son, por ejemplo,  una cámara adusta que rehúsa todo preciosismo por considerarlo, literalmente, vulgar;  unos personajes deliberadamente irreales que a la postre resultan tan postizos como los bellos de cualquier telenovela y unos diálogos forzados y huecos que entonarían bien  en un teatrito de pueblo. De elementos así es que esta hecha Le Havre y es por eso que, admitámoslo, nos debe parecer una buena película. 

En este punto hay que hacer un alto  y decir  que lo marginal no por marginal es bueno; que una buena película no se hace a punto de unas extrañezas que  tendrán quizás el mérito de la disonancia, pero no el de la armonía. 

Los lugares comunes, los clichés, no son patrimonio exclusivo del cine comercial. Si una película se va por la autopista fácil de lo predecible y para eso repite un sonsonete endulzado y emotivo, seguro nos merecerá el más duro de nuestros cuestionamientos; pero igual debe merecérnoslo aquella película que opta, con igual o peor facilismo, por una suerte de realismo mágico sea este sueco, macondiano o finlandés.  Tan clichesudo y común es aquel lugar del deportista que contra todo pronóstico encesta la bola ganadora en el último segundo o aquel otro del escritor, bohemio y desvencijado, que a punto de cigarrillos y güisquis termina la novela que lo llevará a la fama, como aquel otro, el que nos muestran en El havre,  de un escritor retirado que lustra zapatos en un puerto y al que cada noche lo espera, con la comida servida en la mesa, un tierno remedo de mujer.  En el cine el lugar común no lo hace tanto la repetición misma de una historia como el abuso de unos recursos narrativos para alcanzar un resultado simplista y enteramente prescindible.

El cine no es solo un espacio para complacencias estéticas y emotivas. El buen cine es sobre todo - y sin perjuicio de dichas complacencias – aquel en el que la forma de contar una historia hace que esta cale y perdure. Le Havre es un ejercicio estilístico interesante pero no vale como buen cine porque carece de una historia que realmente cautive y envuelva. Una cosa son las destrezas cinematográficas, y está claro que Aki Kaurismaki las tiene todas, y otra, bien distinta, que las mismas se pongan o se hayan puesto al servicio de una buena historia.

Las piezas sueltas de Le Havre fracasan, quizás porque nunca se lo propusieron, en su intento por llegar a conformar una historia, entendiendo por esta el enlace de unos hechos tras un propósito específico. Para Kaurismaki lo importante no es la secuencia de unos eventos y su desenlace, sino la visión tragicómica    de unos seres que por irreales imponen, quiérase o no, un inevitable distanciamiento.    

En las buenas películas todos los elementos se agrupan  para servirle a la historia que se cuenta. Cuando, como sucede en Le Havre,  el asunto se invierte y es la historia la que queda al servicios de aquéllos, algo se fractura y  queda la impresión de que los lucimientos de la película, muchos en esta, no estaban, salvo a sí mismos, alumbrando nada. 

  

sábado, 7 de julio de 2012

UNA SEPARACION



TÍTULO ORIGINALJodaeiye Nader az Simin (Nader and Simin, a separation)
AÑO2011
DURACIÓN123 min
PAÍSIrán
DIRECTORAsghar Farhadi
GUIÓNAsghar Farhadi
MÚSICASattar Oraki
FOTOGRAFÍAMahmoud Kalari
REPARTOPeyman MoaadiLeila HatamiSareh BayatShahab HosseiniSarina Farhadi,
Kimia Hosseini,Babak KarimiAli-Asghar ShahbaziShirin Yazdanbakhsh
PRODUCTORAMemento Films / Sony Pictures / Asghar Farhadi
WEB OFICIALhttp://www.jodaeyenaderazsimin.com/
PREMIOS2011: Oscar: Mejor película de habla no inglesa.
2011: Festival de Berlín: Oso de Oro
2011: Globos de Oro: Mejor película de habla no inglesa
2011: National Board of Review: Mejor película extranjera
2011: Premios Cesar: Mejor película extranjera
2011: Critics Choice Awards: Mejor película extranjera
2011: Círculo de críticos de Nueva York: Mejor película extranjera
2011: Independent Spirit Awards: Mejor película extranjera
2011: Satellite Awards: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2011: Asociación de Críticos de Los Angeles: Mejor guión
2011: Premios BAFTA: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2011: Premios Guldbagge (Suecia): Mejor película extranjera
2011: British Independent Film Awards: Mejor película extranjera
2011: Nominada Premios David di Donatello: Mejor película extranjera
GÉNERODrama | FamiliaEnfermedadVejez
Calificación: Muy recomendada


Cómo puede una película ponernos de frente ante seres humanos que tanto se nos parecen? Pareciera suficiente  asegurar un buen reparto, un guión convincente y unas locaciones adecuadas. Para lo demás bastaría una cámara asertiva que captara, sin excesos pero también sin faltas, la historia y el talante de los personajes que se nos quieren transmitir. Sin embargo no basta todo esto para que sintamos como espectadores - como se siente en Una separación - que esos seres que vemos en la pantalla son inquietantemente reales. No son héroes, ni tampoco son  villanos. Se limitan a ser quienes son ante unas situaciones críticas que hacen aflorar en ellos, lo mejor y lo peor de su ordinaria condición humana. Ha de ser talvez la forma como  se ensamblan entre sí las piezas argumentales  la que provoca esa indescriptible sensación de estar, no ante hechos reales, pero sí ante una forma muy real, muy humana, de afrontar unos determinados hechos. Pero es sobre todo esa clara determinación de abandonar lo bullicioso, lo fingido, lo ideal y lo emotivo, lo que le confiere a este tipo de relatos su elemento diferencial. Una separación es, en sentido, una pieza cinematográfica magistral.

El matrimonio conformado por Nader (Peyman Moaadi) y Simin (Leila Hatami) atraviesa una profunda crisis .  Como ella no encontró en él el respaldo para irse  juntos de Irán  en búsqueda de una mejor fortuna,  Simin propone una separación formal .  Nader se opone  y defiende con obstinación la causa de su permanencia en su país y, más que en este, en su hogar. Según él, su lugar  es al lado de su padre a quien debe acompañar  en el padecimiento de un  Alzheimer que lo ha encerrado en un mundo de fantasmas y silencio . En medio de los dos y de sus obcecados razonamientos de disputa, su única hija se encierra,  aún más de lo ordinario,  en los incomprendidos resguardos de la adolescencia. Un enfrentamiento de Nader con la mujer que le ayuda a cuidar a su padre y a quien se vio forzado a contratar ante el abandono de su mujer,  desencadenará un serie de eventos que habrán de desnudar las muy distintas e inesperadas  consecuencias de la  ruptura.

Una separación es más la descripción de todo lo que trae consigo este tipo de rompimiento que una profundización sicológica en sus causas. A raíz del accidente de su empleada, Nader y toda su resquebrajada familia se ven envueltos en la maraña de un sistema judicial cuya precariedad queda sintetizada en un juez que imparte justicia como si de comerciar en un mercado persa se tratase. En medio de esta situación Asghar Farhadi nos muestra una Irán despojada de las falsedades que siempre nos transmiten las imágenes mediáticas; una Irán más convulsionada por los  micro conflictos  de sus habitantes que por los vaivenes de la política internacional.

La fascinante de Una separación es la caracterización de todos y cada uno de sus personajes.  Los hechos los culpan a todos y a todos se les puede, de alguna manera, exculpar frente a ellos. Nader tiene razón en  querer acompañar a un anciano frágil que si bien quizás ya no lo reconoce como hijo, él sí lo reconoce como padre;  uno entiende a Simin en su maternal y también femenino afán de procurarle a su familia y procurarse a sí misma, un entorno más promisorio. Y también podemos hacer nuestras otras causas que muestra la película: la del esposo de la empleada de Nader con un temperamento inestable y agresivo pero cuya desesperación se entiende viéndolo impotente ante los vericuetos de un sistema judicial que lo avasalla, La otra, la de una adolescente obligada a decidir entre unos padres que ingenuamente acuden a la mentira  para justificar sus comportamientos.  Provistos todos ellos de unas razones que por propias las creen irrefutables, se entrelazan en unos enfrentamientos que más allá de toda  frontera cultural, geográfica o ideológica, lo que hacen es llevarnos ante el espejo, para así reconocer el claroscuro de nuestra condición humana. Eso somos. Seres aferrados a esperanzas propias que más de una vez obramos, sin darnos apenas cuenta, como marionetas de unas razones pasajeras a las que nos empeñamos en darles  el dudoso pasaporte de la verdad. 

Con un tono sobrio,  Una separación logra un retrato perturbadoramente exacto del hombre  que somos. El cine nos ha mal enseñado a las caracterizaciones retocadas del ser humano. Malos perversamente malos o buenos de bondad caricaturesca. Y somos otros. Somos los Nader y los Simin que sobrellevamos a diario nuestra existencia aferrados a esas precarias razones - armazón de verdades y mentiras - que hemos moldeando como nuestras y en las que se dan cita, como en la canción, cosas santas y, también, cosas mundanas.


jueves, 21 de junio de 2012

AGUAS TURBULENTAS



TÍTULO ORIGINALDeUsynlige - De osynliga (Troubled Water)
AÑO2008
DURACIÓN
PAÍS
DIRECTORErik Poppe
GUIÓNHarald Rosenløw-Eeg
MÚSICAJohan Söderqvist
FOTOGRAFÍAIngeborg Klyve, John Christian Rosenlund
REPARTOPål Sverre Valheim HagenTrine DyrholmEllen Dorrit Petersen,
Fredrik GrøndahlTrond Espen SeimAngelou GarciaHenriette Garcia,
Terje Strømdahl,
Anneke von der Lippe,Frank KjosåsJon Vågenes Eriksen
PRODUCTORACoproducción Noruega-Suecia-Alemania; Paradox Spillefilm A/S
GÉNERODrama
Calificación: Muy recomendada


Para hablar de Aguas turbulentas hay que trazar una frontera que separe el drama que en ella se cuenta de la forma como este nos es contado.  El primero, hondo y perturbador,  trata de la culpa, el dolor, la redención y el perdón; la segunda es un inteligente armazón de dos historias contadas desde ópticas  distintas que poco a poco y mediante un constante ir y venir en el tiempo se van intersecando hasta hacerse una sola.

Las historias:

Jan Thomas (Fredik Grondahl) recupera su libertad después de pagar  una pena por el homicidio de un menor que desapareció arrastrado por el torrente de un río. Su talento musical y en especial su virtuosísimo como intérprete del órgano le permiten trabajar  en una iglesia dirigida por Anna, una sacerdotisa cuya belleza emerge, paradójicamente, de su infructuoso deseo de ocultarla. Entre ambos brota una atracción que se sobrepone a la contención y al pudor que rodean este inusual encuentro. Anna tiene un hijo menor y será a través de este incipiente modelo de familia que Thomas intentará rehacer su vida fracturada. Temeroso por la reacción de Anna, Thomas le oculta su pasado.  Un pasado inundado por esa corriente que se llevó la vida del niño y con ella, arrastrada por la negación y la culpa, su propia vida.

Agnes (Trine Dyrholm) es la mamá del niño que murió. Después de la tragedia Agnes y su esposo adoptan dos niñas dándose cuenta, sobre todo la afligida mamá, que hay vacíos que se ahondan aún más cuando se intenta llenarlos.  El dolor resurge cuando en su condición de maestra organiza una visita escolar a la iglesia donde toca Thomas; es allí donde Agnes se reencuentra con el asesino de su hijo; lo reconoce  en medio del estremecimiento que a todos los presentes les produce la soberbia interpretación  que Thomas  hace en  el órgano de la querida Troubled water de Simon y Garfunkel. El reencuentro que la prisión pospuso por tantos años habrá de tener lugar y podrá ser quizás la oportunidad para vengar el crimen atroz o, al menos, para oír de su autor la inútil explicación del porque lo hizo .

La forma de contarlas:

Aguas turbulentas esquiva la línea fácil del  relato cronológicamente ordenado. Opta en cambio por la técnica de ir soltando fragmentos que irán alcanzando su coherencia y su articulación con la historia central a medida que las escenas van encajando, las unas en las otras, como fichas de un gran rompecabezas. Sin embargo no es en sí la técnica lo que le confiere a la película su nota sobresaliente. Lo que en realidad la hace remarcable es que ese premeditado desorden narrativo logre el efecto perturbador  que se siente de principio a fin. Desde que Thomas abandona su presidio hay algo latente en el ambiente  anunciando que hay condenas irredimibles y que las esperanzas de restauración evidenciarán, tarde que temprano, las fragilidades de todo espejismo.

El gran mérito de Aguas turbulentas es lograr una sensación de unidad y continuidad mediante un sistema narrativo de fragmentación.  Erik Poppe, su director, emplea la herramienta de la reiteración visual para mostrar como un mismo hecho adquiere significaciones diversas según cual sea el ángulo desde el que se lo aprecie. Al espectador se le muestra dos o tres veces la misma escena pero nunca queda la sensación de una repetición innecesaria; lo que queda, por el contrario,  es la percepción de haberse contemplado el hecho a través de miradas diversas que le confieren un mejor sentido o, si se quiere, una mayor aproximación a la verdad.  Para esto Aguas turbulentas va más allá del simple uso de unas herramientas  que entremezclan los brincos en el tiempo y los cambios visuales de narración.  Lo que sobresale en el relato es la intimidad que lo caracteriza. Thomas ve el mundo que lo rodea y el pasado que lo acecha, con una visión acuosa que parece incapaz de emerger de la profundidad donde yace un niño muerto. Hay incluso varias tomas de cámara desenfocada que nos recuerdan la visión borrosa que se tiene bajo el agua. Agnes por su parte lo ve y lo vive todo desde la miopía que causa la incomprensión y esa búsqueda ansiosa de algo o alguien que le explique el porqué de su dolor. Ambos visiones, intersecadas por los mismos hechos, terminan instaladas en la retina de un espectador que está más acostumbrado a las resoluciones de los enigmas o a las definiciones moralistas que a este tipo de relatos donde no hay verdades absolutas ni bondades victoriosas, sino seres humanos complejos que andan por ahí viviendo sus vidas, sin heroísmos ni martirios y con la endeble convicción de que la verdad como valor absoluto proviene de su percepción del mundo circundante.

El sonido del órgano es envolvente, metálico y solemne. Su majestuosidad tiene el doble efecto de hacernos sentir insignificantes frente a lo supremo pero, a la vez, capaces de percibirlo y reconocer nuestra capacidad de tender a ello. Algo similar pasa con el agua que puede significarnos ahogo, limpieza,  misterio, turbulencia o pureza. De principio a fin la película está marcada por momentos de agua que le imprimen un peculiar acento de enigma y silencio. Todo bajo el agua pareciera suceder en otro plano de la verdad. Lo que logra transfundirnos el tono de Aguas turbulentas es ese debate permanente del ser humano que discurre sin tregua entre las amarguras que le depara la vida y las esperanzas salvadoras que vislumbra en el rostro del otro, en una partitura, en un posible creador o, las más de las veces, en la simple ternura de un niño.    



domingo, 17 de junio de 2012

PODER Y TRAICION



TÍTULO ORIGINALThe Ides of March
AÑO2011
DURACIÓN101 min
PAÍSEstados Unidos
DIRECTORGeorge Clooney
GUIÓNGeorge Clooney, Grant Heslov (Obra: Beau Willimon)
MÚSICAAlexandre Desplat
FOTOGRAFÍAPhedon Papamichael
REPARTORyan GoslingGeorge ClooneyPaul GiamattiMarisa Tomei,
Philip Seymour Hoffman,
Evan Rachel WoodJeffrey WrightMax MinghellaJennifer Ehle
PRODUCTORACross Creek Pictures / Exclusive Media Group / Smoke House
PREMIOS2011: Oscar: Nominada a Mejor guión adaptado
2011: Globos de Oro: 4 nominaciones, incluyendo Mejor película dramática
2011: Premios BAFTA: Nominada a Mejor actor secundario (Hoffman)
2011: Critics Choice Awards: Nominada a Mejor reparto
2011: Festival de Venecia: Sección oficial largometrajes a concurso
2011: Festival de Toronto: Sección oficial largometrajes a concurso
2011: Nominada Premios David di Donatello: Mejor película extranjera
GÉNERODrama | Política

Calificación : Vale la pena

En el calendario romano los idus eran los décimo terceros días de cada mes. Fechas de buenos augurios en los meses de marzo, mayo, julio y octubre. Para los otros meses del año la fecha favorable se desplazaba al día quince.  Contradiciendo esta creencia o quizás corroborándola, fue un idus de marzo cuando,  no obstante haber sido advertido del infortunio que se le avecinaba, muere asesinado Julio Cesar. Así nos lo recordará más tarde Shakespeare en su injustamente olvidado Julio Cesar . Más tarde fue Thornton Wilder quien bautizó una de sus novelas con el sugestivo y a la vez equívoco título The ides of march (1948). Digo sugestivo y equívoco porque el idus  de marzo ha estado ligado - y lo estará ya por siempre - a la relatividad connatural  que acompaña a la buena suerte. Lo que pareciere en principio un infortunio deviene luego en fortuna y viceversa. La secuencia sigue y ahora es nuestro querido George Clooney el que, basándose en la obra de teatro Farragut north de Beau Willimon, se apropia de este título para adentrarse en los turbios vericuetos de la política norteamericana.

Ides of march dirigida y coprotagonizada por Clooney muestra hasta donde puede llegar la sofisticación de la perversión si el objetivo es el poder.  Ryan Gosling  (Half Nelson, Blue Valentine y Drive, entre otras) trabaja al servicio de Clooney un candidato demócrata que tiene muy buenas posibilidades de llegar al sillón presidencial de la Casa Blanca. Su suerte – la esquiva y bifronte suerte -  depende del resultado de las elecciones primarias que en el sistema americano preceden la elección presidencial. Como siempre, como en todas partes, las alianzas partidistas resultan indispensables para alcanzar el voto de los electores y es en su insaciable búsqueda  que se violentan, con los más variopintos disfraces,  fronteras legales, éticas y morales. Mal reencauchado, como siempre lo ha estado, resurge el maquiavélico slogan según el cual “el fin justifica los medios”.

Ides of march, entre nosotros Poder y traición, es un producto compacto y bien logrado que elude con inteligencia las simplezas habituales de los thrillers políticos pero que por unas fallas en la estructura de su guión termina valiéndose  de algunas de ellas. De otra parte es una regla de oro que cuando el peso de una película  gravita exclusivamente sobre  los kilates actorales  de su reparto , la que resulta lastimada es la trama del relato y en particular la forma como se pretenda contar una determinada historia. Algo de esto pasa en Ides of march. Su historia arranca con un ritmo envolvente pero muy pronto echa mano de un incidente que se siente forzado y que desluce su guión. Pese a eso su tono se mantiene pero es inevitable sentirse ya no frente a un diagnóstico descarnado y sobrio de hasta donde se puede llegar tras la consecución del poder, sino frente a un entramado algo artificioso que infla, más de la cuenta,  un affaire  del candidato con una pasante de su campaña.

Imposible no reconocer la contundencia de actores como el propio  Gosling y, realzándolo, de maestros como  Philip Seymour Hoffman y Paul Giamatti y de la ya consolidada  Marisa Tomei. Sin embargo es la estatura interpretativa de estos la que pone en evidencia las fragilidades del relato que se soporta en ellos.  Son ellos quienes lo sostienen cuando debiera ser al revés. Debiera ser el relato quien los justifique y no a la inversa.

Sería sin embargo injusto y totalmente desproporcionado decir  que Ides of march es un relato más de intrigas políticas y lo sería especialmente con un Clooney que vuelve a demostrarnos su compromiso con un cine serio y con una forma cuidada y elaborada de transmitir algo que va más allá, mucho más allá, de la entretención fugaz y vendedora. Es evidente y por lo mismo indiscutible que el nombre de Clooney ya está ligado con una  estética y una técnica  que rebasan los cánones ordinarios de la industria cinematográfica. Así lo demuestra en Poder y traición una película a la que no obstante faltarle el poder para ingresar al estante de las imprescindibles no traiciona la trayectoria de un hombre que con los años ha ido madurando una obra merecedora desde ya del reconocimiento que siempre se le debe al trabajo marcado por una línea definida, quizás no de genialidad, pero sí de coherencia y consistencia. Cada vez estoy más convencido que, incluso en el cine,  valen más estas que aquella.