FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

domingo, 27 de enero de 2013

LA VIDA DE PI - UNA AVENTURA EXTRAORDINARIA


TÍTULO ORIGINALLife of Pi
AÑO2012
DURACIÓN125 min
PAÍSEstados Unidos
DIRECTORAng Lee
GUIÓNDavid Magee (Novela: Yann Martel)
MÚSICAMychael Danna
FOTOGRAFÍAClaudio Miranda
REPARTOSuraj SharmaIrrfan KhanRafe SpallTabuAdril HussainShravanthi Sainath,
Ayush TandonVibish SivakumarGérard Depardieu
PRODUCTORAFox 2000 Pictures / Haishang Films
WEB OFICIALhttp://www.lifeofpimovie.com/
PREMIOS2012: Oscar: 11 nominaciones, incluyendo Mejor película y director
2012: Globos de Oro: Mejor banda sonora. 3 nomin., incluyendo Mejor película
2012: Premios BAFTA: 9 nominaciones, incluyendo Mejor película y director
2012: Critics Choice Awards: Mejor fotografía y efectos visuales. 9 nominaciones
2012: Satellite Awards: Mejor guión adaptado y fotografía. 5 nominaciones
2012: American Film Institute: Top 10 - Mejores películas del año
GÉNEROAventurasDrama | Aventuras marinasSupervivencia3-DAnimales

Clasificación : Muy recomendada


Ang Lee es el maestro del poder visual. Así lo demostró en el Tigre y el dragón (2000) con esas escenas en las que unos enormes bambúes catapultaban por los aires a unos guerreros que batían en el aire sus hermosas espadas. Ahora vuelve a hacerlo en su última película, La vida de Pi (entre nosotros Una aventura extraordinaria) , en la que se narra la travesía de Pi, un muchacho que sobrevive a un naufragio en una balsa cuya fragilidad contrasta con la fiereza de su inusual compañero: un enorme tigre de bengala con nombre de oficinista: Richard Parker. Muchacho y tigre experimentarán, por cerca de dos horas de proyección, las vicisitudes de una travesía que los enfrentará a un mar soberbio e inmenso y, también,  a ese complejo reto de saber relacionarse con el otro que será, siempre e indefectiblemente, tan distinto a nosotros. Pi y Richard tendrán que aprender a convivir en el mínimo espacio de su bote para darse cuenta así de la inmensidad vital que los rodea: un mar total que los amenaza, los alimenta, los esperanza, los sobrecoge, los protege y les pone de presente, a través de un lenguaje cifrado que cada cual podrá entender a su manera, que no están solos y que quizás haya un sentido oculto en todo cuanto les sucede.

La vida de Pi es una cascada de sorprendentes escenas.  En la memoria tengo y corresponde a la foto que encabeza esta nota, la de una luminosa ballena que emerge de las profundidades, se asoma por un instante al cielo  para luego provocar, con su regreso al agua, un estrépito de luces marinas.  Así como esta son muchas las imágenes en las que el color es todo un desborde y en las que la fantasía visual pareciera haber llegado a un espacio sin límites donde, sin desmesuras, todo es posible.  Pero no se trata, simple y llanamente, de un festín óptico.  Todo en Ang Lee está al servicio de un mensaje que se cuela, implícito,  en medio de este esplendor de colores, luces y movimientos. Lee nos susurra al oído que quizás hay otra manera de leer el mundo, que creer es una posibilidad y que de dos versiones acerca de unos mismos hechos quizás ninguna pueda atribuirse la verdad o, quizás, ambas puedan hacerlo. Todo depende de la actitud que se adopte y será a partir de ella que la vida misma se mire, o como un suceso accidental y fugaz, o como un eslabón más en un complejo encadenamiento  que supera nuestra capacidad de entendimiento.

Todo conspiraba para que la película se colara en la galería de las imprescindibles:  la adaptación para el cine de la novela de Yann Martel fue, según sus lectores,  todo un acierto; el esplendor visual de la película es, de principio a fin, contundente ; el  a veces hostigante 3D es, en La vida de Pi,  un recurso inusualmente fresco y acorde con las escenas  cuya vitalidad exigía el abandono de la pantalla; las actuaciones son, si no extraordinarias, al menos sí, como la película misma, encantadoras y, finalmente, la historia, pese a su falta de matices, nunca cae en el letargo porque siempre la está empujando la vitalidad de la aventura y la insinuación sutil de un mensaje trascendente. Todo esto y seguramente más es La vida de Pi; sin embargo es la amalgama de todos estos brillos la que no logra, cinematográficamente hablando, una pieza redonda y convincente. La conspiración falla porque en La historia de Pi todo es bello pero con la integración de todo lo bello no se logra ese resultado indefinible y propio de las buenas películas. Una cosa es el logro puramente estético de una película en lo que La vida de Pi obtiene, a no dudarlo, una nota más que sobresaliente, pero otra cosa, muy distinta, es el logro narrativo. Una buena película es aquella que cuenta bien su historia, cualquiera que ella sea y es ese bien contar lo que constituye su más alta estética. Que para ello se sirva – o no se  sirva – de otros esteticismos es otra cosa pero no puede nunca confundirse la estética del lenguaje que se emplee en la película con la estética del mensaje que transmite dicho lenguaje.  

Si la estética  es la interacción de nuestra intuición sensible ante lo bello, nada impide que en el cine experimentemos esa sensación frente a los recursos que se empleen en una determinada película (fotografía, escenografía, música, actores y actuaciones y tantos más) mas no ante el resultado que provoca su fusión.  El gran logro cinematográfico es que la estética de los recursos empleados en la narración se convierta, mediante la transustanciación propia de la obra artística, en la estética misma de la narración.  En el caso de La vida de Pi el maestro Lee volcó toda su maestría en la estética del lenguaje visual y reservó apenas un par de plumazos, simplones y un tanto estereotipados,   para el sentido misma de la historia. 

En otros trabajos suyos, ciertamente menos vistosos que La vida de Pi, Lee ha logrado un mejor  equilibrio entre la estética del lenguaje y la contundencia del  mensaje transmitido. Comer, beber y amar (1994) y Sentido y sensibilidad (1995)  son dos claros ejemplos.  Más allá de la forma como oriente mira y propone una lectura del mundo,   la mirada  humana es universal y nunca se conforma, por bella que ella sea, con la periferia de los seres y las cosas que la rodean.  

El balance final, el que queda después de ese derroche de fascinación visual, es que Lee, para no quedarse con el dudoso mérito del malabarismo tecnológico,  echó mano de una historia  tiznada de solidaridad, esperanza y fe. Y es en este enlace final de  forma y fondo donde la historia pierde su estatura porque la fantasía de la forma es más poderosa, mucho más,  que el débil fondo que apenas se insinúa. En esta oportunidad la cámara de Lee lleva más a la emoción del resplandor que a la zozobra de la reflexión.

domingo, 20 de enero de 2013

LO IMPOSIBLE



TÍTULO ORIGINALThe Impossible
AÑO2012
DURACIÓN107 min.
PAÍSEspaña
DIRECTORJuan Antonio Bayona
GUIÓNSergio G. Sánchez
MÚSICAFernando Velázquez
FOTOGRAFÍAÓscar Faura
REPARTONaomi WattsEwan McGregorTom HollandGeraldine ChaplinMarta Etura,
Oaklee PendergastSamuel JoslinDominic PowerSönke Möhring,
Olivia JacksonNatalie Lorence,Nicola HarrisonBruce BlainJohan Sundberg,
Teo QuintavalleJan Roland Sundberg
PRODUCTORAApaches Entertainment / Telecinco Cinema / Mediaset España / Canal+ España 
WEB OFICIALhttp://www.loimposible-lapelicula.com/
PREMIOS2012: Oscars: Nominada a mejor actriz (Naomi Watts)
2012: Globos de Oro: nominada a mejor actriz drama (Naomi Watts)
2012: Premios Goya: 14 nominaciones, incluyendo Mejor película y director
2012: Critics Choice Awards: Nominada a mejor actriz (Watts)
2012: National Board of Review (NBR): Mejor actor revelación (Tom Holland)
2012: Festival de San Sebastián: Sección oficial (fuera de concurso)
GÉNERODrama | Basado en hechos realesCatástrofesFamiliaSupervivencia


Clasificación : Buen plan

Cuando el cine se mete con los grandes desastres que provoca la naturaleza o la conducta humana, el resultado suele ser, cinematográficamente hablando, un desastre más. Traigo a colación como pequeña pero significativa muestra,  La aventura del Poseidón (1972) de Ronald Neame, Terremoto (1974) de Mark Robson, Meteoro (1979) donde repite Neame y la tan celebrada Titanic (1997) de James Cameron.

El cine catastrofista o el  disaster film tiene por lo general una estructura simple y básica: al evento catastrófico, para evitarlo o para afrontar sus consecuencias, lo encara un  anti-héroe o un puñado de anti-héroes.  Ciudadanos de a pie, seres comunes y corrientes  que de pronto se topan, realzada su indefensión,  con la tierra crujiente, con la ola descomunal, con las llamas imbatibles, con la desmesura de la tormenta o con el avasallador cuerpo estelar.  Es ante esas fuerzas incontenibles que emerge la insospechada valentía de unos seres a los que la ruleta de la vida pone en unos trances que bordean la más fantasiosa de las ficciones. Al final queda claro que si bien la naturaleza es soberbia y todo poderosa, no menos claro es que el hombre es capaz de sacar fortalezas y  enterezas que lo hacen capaz de afrontar, en defensa propia y de los suyos,  la adversidad más extrema. En este cine se suele echar mano de grandes estrellas para que representen a esas víctimas valerosas que desde muy temprano atenúan sus bellezas con heridas en el rostro, con sus pelos empapados y, siempre, con la mirada anegada en la angustia y en el miedo. Es una forma distinta de presentarnos a los bellos, disfrazados con esas tragedias que repletan las salas de cine porque indudable y morbosamente la hecatombe siempre nos atrae y más ahora cuando , de la mano con el 3D, las olas o los escombros parecen reventar en nuestra silla.

Lo imposible es, sin un ápice de creatividad, el típico disaster film. Henry (Ewan McGregor) y María (Naomi Watts) conforman, junto con sus tres hijos, una de esas familias que Johnson & Johnson apetecería para sus comerciales de jabones espumosos. Llegan a pasar la navidad en un lujoso y playero hotel de Tailandia. Año 2004. Estando en plan de piscina y playa los sorprende la llegada furibunda de un tsunami. Todo queda arrasado y es de esa desolación pantanosa que emerge la Watts con uno de los hijos. Con una pierna gravemente herida emprende, con el mayor de los críos,  la búsqueda del resto de la familia. Al otro lado del fango lo propio sucede con el padre y los otros dos niños. Sobrevivientes de la catástrofe se darán también a la tarea paralela de hallar, bajo la amenaza latente de la muerte,  a la mamá y al hermano perdidos.

Estas búsquedas cruzadas conforman la trama de Lo imposible. El hilo narrativo sigue las peripecias de cada uno de los grupos familiares acercándolos poco a poco pero siempre dejando al espectador en ese borde ansioso que mira, de un lado, el posible y feliz encuentro y, del otro, la pérdida desgarradora.  Su director, el español Juan Antonio Bayona, se sirvió de todos – absolutamente todos – los lugares comunes del relato catastrófico: una música atiborrada de percusiones amenazantes, las heridas exactas, las ropas estéticamente destrozadas, el encuentro que se aproxima y se distancia,   la muerte pisando los talones y al final, que feliz y que lamentable a la vez, los héroes abrazándose en un nuevo tsunami de solidaridad, afecto y emoción. Manipulación pura. Bien hecha, pero hueca. Otro disaster palomitero del que se esperaba más porque, quien lo creyera, es una película española. Y digo quien lo creyera porque uno aguardaría del talento hispano un distanciamiento creativo del cliché americano. Pero no. Lo imposible es la sumatoria de todo lo conocido en la materia y eso la hunde, como película, en el confortable sillón de lo olvidable. Inaceptable que en la película la comunidad tailandesa aparezca como un decorado de fondo,  útil apenas para resaltar la belleza heroica, que no el bello heroísmo, de sus glamorosos protagonistas.  

A veces, suele suceder con el western como género, es el apego a las formas y a los elementos arquetípicos el que le da a la creación el valor de la tradición pero otras veces, como sucede con Lo imposible, es este mismo apego a los caracteres de este tipo de cine el que vuelve la película un trabajo intrascendente no obstante la juiciosa elaboración de sus piezas. Bayona sabía lo que hacía y lo hizo bien. No quiso romper moldes; quiso por el contrario servirse de ellos porque su resultado está, de muchísimo tiempo atrás, plenamente asegurado.

El que la película esté basada en hechos reales no es más,  desde el punto de vista cinematográfico, que un embeleco. El cine es y será por siempre esa fascinante mentira que alcanza, por la alquimia que emana de su propia esencia, toda la dimensión y toda la contundencia de una incuestionable verdad . Si el tsunami del 2004 levantó por los aires empapados a una pareja de españoles y a sus tres hijos, eso no hace más creíble ni mejor contada, en Lo imposible,  la historia de Ewan y Naomi. Lo que importa en el cine, trátese de la nariz creciente de Pinocho o de la búsqueda implacable de Osama bin Laden, es que lo que se nos muestre realmente acontezca - y permanezca -  en esa dimensión y en esa verdad que entretejen las imágenes y el espectador que las mira.  

Aunque la imposibilidad del título  de la película alude a lo increíble que tuvo que haber sido, en la realidad, el reencuentro de esta familia después de la catástrofe, forzado e impostado le parece a uno en Lo imposible el reencuentro, en la mentira del cine, de esta familia después de la catástrofe. Quizás con menos manipulación efectista se hubiera logrado un mejor resultado de credibilidad pero también con menos manipulación efectista el efecto de atracción masiva  se habría visto afectado. Bayona lo sabía y optó por la atracción masiva, léase, por la taquilla.


domingo, 30 de diciembre de 2012

MOONRISE KINGDOM


TÍTULO ORIGINALMoonrise Kingdom
AÑO2012
DURACIÓN94 min.
PAÍSEstados Unidos
DIRECTORWes Anderson
GUIÓNRoman Coppola, Wes Anderson
MÚSICAAlexandre Desplat
FOTOGRAFÍARobert D. Yeoman
REPARTOJared GilmanKara HaywardBruce WillisEdward NortonBill Murray,
Frances McDormand,
Tilda SwintonJason SchwartzmanBob BalabanHarvey Keitel
PRODUCTORAFocus Features / American Empirical Pictures / Indian Paintbrush
WEB OFICIALhttp://www.moonrisekingdom.com/
PREMIOS2012: Globos de Oro: nominada a mejor película comedia
2012: Festival de Cannes: Sección oficial de largometrajes
2012: Premios Gotham: Mejor película. Nominada a mejor reparto
2012: Independent Spirit Awards: 5 nominaciones, incluyendo mejor película
2012: Satellite Awards: Nominada a Mejor película y Mejor guión original
2012: American Film Institute: Top 10 - Mejores películas del año
GÉNEROComediaDramaRomance | Años 60Cine independiente USA.
Comedia dramática.
InfanciaAdolescencia
Clasificación : Vale la pena


Las películas de Wes Anderson tienen un sello muy particular. Pese a ser relativamente corta (siete largometrajes y dos cortometrajes), su filmografía deja traslucir un estilo muy propio que divaga entre la desadaptación,  la ensoñación infantil, una fotografía terrosa  y bucólica y, definitivamente, una clara contravía no solo frente al modo de contar una historia, sino al modo mismo de ver la vida a través del lente cinematográfico. Desde Bottle Rocket (1996), en la que dos remisos de un manicomio incursionan en el mundo del delito, hasta Moonrise Kingdom (2012) donde un par de preadolescentes se fugan, él de su campamento boy scout  y ella de su casa, para vivir una singular historia de amor,  los relatos de Anderson se caracterizan por un tono de rebeldía y marginalidad agazapado tras notas que bordean la parodia, el romanticismo, el humor negro y, en ocasiones, una irreverencia que raya en el absurdo.


Moonrise Kingdom es una de esas películas que si te enganchas a ellas te transportan a través del tiempo y los sentimiento pero si no, te resultan cargantes, algo postizas y con pretensiones malogradas de una genialidad al estilo Tim Burton.  Para disfrutarla es imprescindible aceptar desde temprano la propuesta que plantea Anderson: aunque el epicentro de la historia sea la historia de un par de niños que creen merodear los terrenos primerizos del amor, Moonrise Kingdom es todo menos una aventura infantil o el retrato almibarado de un romance temprano. Es, bien por el contrario, un cuadro adulto que se sirve de ciertas reminiscencias de la niñez para construir un relato sui generis donde los niños incursionan en el mundo adulto y los adultos parecen devolverse a la ingenuidad y la torpeza infantiles. 

Anderson es un preciosista. Cada escena es un cuadro medido de color y música al que se le adhieren unos personajes que lindan con la  irrealidad y que parecen provenir de un circo olvidado o del teatro de Pirandello.  Moonrise Kingdom brilla más por el placer visual que provoca o por la forma vanguardista de su estructura narrativa que por su propia historia.  No estamos ante la evocación nostálgica de la infancia perdida ni estamos, tampoco, ante los remolinos primarios de la aventura juvenil. Estamos ante una pieza elaborada que cuida, pieza a pieza, los fragmentos que la componen. Cada detalle del campamento, de la casa de Suzy o del refugio de los precoces prófugos en un dibujo hecho a mano que se entrelaza con el cuadro siguiente dándole quizás más importancia al tono del relato que a la historia misma que nos es contada. Es esto lo que explica el encanto - y también el desencanto -  que produce la película. Para el amante de las formas Moonrise Kingdom es un deleite; para el que no las reverencia o simplemente las desdeña,  la película es un desvarío con algunos algunas genialidades que destellan pero que como película desemboca finalmente en el hastío.

Personalmente creo que una buena película es la difícil mixtura del cómo se cuenta y de lo que se cuenta; en el caso de Moonrise Kingdom y, en general, en la filmografía toda de Anderson hay un estilo que, pese a la aparente ingenuidad de su guiones o al humor que los chispea , no es fácil de asimilar y, menos aún, de degustar. Quizás eso enaltezca su trabajo o quizás eso mismo lo ensombrezca. Lo que sí está fuera de discusión es que estamos ante un director genial que tiene el enorme mérito de atreverse a contar la historia que sea desde una perspectiva diferente en la que concurren, sin permiso ni reverencias,  el drama, el humor, el absurdo, la fantasía y hasta el propio amor.  No echo a Moonrise Kingdom dentro de la  estrecha valija de mis preferencias pero sí la recomiendo porque el lenguaje con el que trasmite su sensibilidad  es innovador, creativo y subversivamente artístico.

Como suele suceder con otros directores Anderson es uno de aquellos que clava sus preferencias en un reducido grupo de actores: Anjelica Huston, Owen Wilson, Luke Wilson, Kumar Pallana,  Seymour Cassel, Jason  Schwartzman y, su gran dilecto, Bill Murray aparecen repetidos en varias de sus películas. El caso de Murray es diciente. Sólo en el primero  de sus siete largometrajes (Ladrón que roba a Ladrón) el inolvidable Bob Harris de Lost in traslation no está presente. Diciente porque el que siempre elige a Murray elige la inteligencia del humor serio y elige también un actor que se desliza, como pocos, entre la comedia y el drama recordándonos que de aquella a esta o de esta a aquella puede haber, apenas, un paso bien dado. 

Cuando la sala ya quedó vacía una voz en la pantalla seguía presentando, uno a uno,  los instrumentos de la gran orquesta. Moonrise Kingdom empieza como termina:  señalándonos que la esencia de las partes (en este caso la sonoridad de cada instrumento) se  desnaturaliza y a la vez sublima  cuando pasa a formar parte de un todo más grande y complejo.  Moonrise Kingdom es la  cohesión bien lograda de unos elementos que no sólo alcanzan su sonoridad especial cuando se les ensambla, sino que aún en la unión siguen denotando el brillo de sus propias versiones. 

Nota a deshoras: Este tour del propio Murray lo dice todo. Háganlo con él.

   

sábado, 22 de diciembre de 2012

PROFESOR LAZHAR


TÍTULO ORIGINALMonsieur Lazhar
AÑO2011
DURACIÓN94 min.
PAÍSCanadá.
DIRECTORPhilippe Falardeau
GUIÓNPhilippe Falardeau
MÚSICAMartin Léon
FOTOGRAFÍARonald Plante
REPARTOMohamed FellagSophie NélisseÉmilien NéronMarie-Ève BeauregardVincent Millard,
Seddik BenslimaneLouis-David LeblancDanielle ProulxBrigitte PoupartJules Philip,
Louis ChampagneDaniel GadouasFrancine RuelSophie Sanscartier
PRODUCTORAmicro_scope
PREMIOS2011: Oscars: Nominada a Mejor película de habla no inglesa
2011: Festival de Toronto: Mejor película canadiense
2011: Festival de Locarno: Premio del público
2011: Festival de Valladolid - Seminci: Mejor guión, Premio FIPRESCI
GÉNERODrama | EnseñanzaColegios & Universidad

Clasificación: Muy recomendada

En la escuela (entrañable palabra que rebasa en significado y resonancia al colegio, al instituto o al liceo) se dan cita una serie de microuniversos que se intersecan dejándose recíprocas huellas. Está el microuniverso de cada muchacho: expectante, convulso, crítico, inexperto, auténtico y temeroso; está el microuniverso del maestro : generoso, desarraigado, irreal y vanidoso; está el microuniverso de todos y cada uno de los que orbitan alrededor del binomio sagrado que conforman profesor y alumno: los padres, el contador, las secretarias, el administrador, los cocineros, el sicólogo,  la enfermera y el jardinero, microuniversos, estos últimos, discretos, un tanto anónimos, un tanto secretos.

La escuela está hecha para que estos microuniversos se entrecrucen y para que sea de ese constante roce que aprendan a girar sobre sus propios ejes. La formación de los muchachos es el eje central de toda institución educativa pero esta intención no opaca el proceso que viven todos aquellos cuyos días transcurren en esa irrealidad, tan hondamente real, que es la vida escolar.

El profesor Lazhar es una tentativa lograda. Tentativa porque la cámara que mira siempre será - y no más que eso podrá ser – un acercamiento  a la historia relatada. Lograda porque pese  a ser una aproximación alcanza una muy bien medida dosis de transmisión y conmoción.  En este caso se trata de una escuela en la que una maestra se suicida colgándose en su propio salón de clase. Dos de sus alumnos presencian la escalofriante escena y es ese hecho el que habrá de asomarlos o, mejor, empujarlos,  a una realidad que en circunstancias normales les habría sido totalmente ajena y remota: la posibilidad siempre latente de la muerte. El señor Lazhar, un profesor argelino, se ofrece para llenar la  vacante.  No sin cierta vacilación la institución lo recibe y es así como  comienza un viaje lleno de bifurcaciones que conducen, las unas, a las almitas de unos jóvenes que empiezan a experimentar el sufrimiento consustancial a la existencia humana, las otras a sus compañeros de oficio y las últimas, introspectivas,  a su propio mundo plagado de incertidumbres e injusticias.

No estamos ante una nueva denuncia de lo que sucede en el aula de clase, ni estamos tampoco ante una de esas desgarradoras denuncias cinematográficas que nos muestran que las atrocidades no necesariamente tienen que darse en los campos de guerra, en las esquinas oscuras o en los cinturones de miseria de nuestras ciudades; que también pueden darse el curso de la escuela,  ese espacio ingenuo donde un puñado de personas persigue, o debiera perseguir al menos, un ascenso en el conocimiento humano.  Lo que nos propone El profesor Lazhar es otra cosa .  Es, pienso y siento yo, la reivindicación de la ruta simple del enseñar y el aprender. La escuela, no importa cuales sean sus circunstancias y sus dificultades, siempre debiera ser un escenario lúdico que trajee de entretención el aprendizaje. Lo que hace el señor Lazhar, soberbiamente interpretado por Mohamed Fellag, es servirse de una situación extrema para enaltecer el valor olvidado que en el proceso de formación  tienen la timidez, la simpleza y la sencillez.

Su director, Philippe Falardeau, logra un tejido narrativo cuasi perfecto. El suicidio de la maestra es, visualmente, apenas una toma.  De los niños no hay manipulación alguna. En escala, ni héroes ni villanos; sin escalas, seres humanos que  temprano se tropiezan con esa realidad de preguntas sin respuestas. El profesor ni es redentor , ni es ídolo; es apenas - y eso es lo es todo - alguien que les hace saber a sus alumnos que crecer es un proceso, tan gozoso como doloroso y que la mejor manera de quedarse es saber despedirse.

En las escuelas franco parlantes se le dice a los profesores monsieur, señor. El título original de la película es Monsieur Lazhar. No hay homenaje más discreto, sentido y profundo que llamar señor o señora a aquel que nos enseña.  Por la forma como llega a la escuela, por el pasado que lo acompaña, por la manera como sin invadirlos rodea y abraza a sus alumnos y por la coherencia entre lo que es y lo que enseña, este profesor Lazhar merece que se le llame, con toda la significación del término, monsieur Lazhar.

Nota a deshoras: Termino con esta hermosa escena



lunes, 26 de noviembre de 2012

MI SEMANA CON MARILYN


TÍTULO ORIGINALMy Week with Marilyn
AÑO2011
DURACIÓN101 min
PAÍSReino Unido
DIRECTORSimon Curtis
GUIÓNAdrian Hodges (Libro: Colin Clark)
MÚSICAConrad Pope, Alexandre Desplat
FOTOGRAFÍABen Smithard
REPARTOMichelle WilliamsEddie RedmayneKenneth BranaghEmma Watson,
Judi DenchDominic CooperDerek JacobiJulia OrmondToby Jones,
Dougray ScottSimon Russell BealeZoë WanamakerGeraldine Somerville
PRODUCTORABBC Films / Lipsync Productions / Trademark Films / UK Film Council
/ The Weinstein Company
WEB OFICIALhttp://myweekwithmarilynmovie.com/
PREMIOS2011: Oscars: Nominada a mejor actriz (Michelle Williams) y mejor actor sec.
(Branagh)
2011: Globos de Oro: Mejor actriz comedia o musical (Williams). 3 nominaciones
2011: Independent Spirit Awards: Mejor actriz (Michelle Williams)
2011: Premios BAFTA: 6 nominaciones, incluyendo Mejor película británica
2011: Critics Choice Awards: 4 nominaciones, incluyendo mejor actriz
(Michelle Williams)
2011: Screen Actors Guild: Nominados Mejor Actriz (Williams), Actor de Reparto
 (Branagh)
GÉNERODrama | BiográficoAños 50Cine dentro del cine



Calificación : Vale la pena

Que me desmientan los biógrafos y  los sicólogos pero yo creo que una semana bien vivida y bien contada es suficiente para retratar a una persona. En Mi semana con Marilyn su director, Simon Curtis,  logra transmitirnos ese desenfado, a la vez irritante y seductor, con  el que la emblemática rubia  se levantaba, algo atolondrada, cada día. La semana de la película fue sin duda una semana especial.  La Monroe (Michelle Williams) llega a rodar una película en Londres precedida de su bien merecida fama de diva incumplida e inmanejable.  Llega tomada de gancho de su esposo  Arthur Miller (Dougray Scott) evidenciando que más allá de la pose para una fotografía, a la pareja le quedaban muy pocos días. La espera su compañero protagónico Sir Laurence Olivier (Kenneth Branagh) quien tendrá que sufrirla para así también poder gozarla . Se le cruzará en el camino  Colin Clark (Eddie Redmayne) un despistado muchacho que encontró en el rol de utilero la manera de meterse en los intríngulis de la producción de una película. 

Semana suficiente para acercarnos al ícono cinematográfico porque durante ella su matrimonio se resquebraja; suficiente porque en esos días su talento se tambalea y porque su belleza muestra sus impurezas; suficiente porque las drogas se esparcen sobre la mesa y porque la flecha de la ruleta se detendrá en ese utilero de paso que por esa semana fue, con toda la intensidad y también con toda la ingenuidad del término, el novio de Marilyn Monroe.

Mi semana con Marilyn es una película que se ajusta muy bien a sus pretensiones. Curtis no persiguió con ella ni una exhaustiva biografía de la leyenda ni, tampoco, una densa inmersión en el drama que fue la comedia de su vida. Mi semana con Marilyn es, como ella,  algo ligera pero con esa ligereza  que tiene el don de perturbar todo aquello que roza. La Monroe tuvo ese inexplicable encanto de ser la más bella sin serlo; de ser la más sensual sin serlo y de atraer hacia su centro, sin mayor talento, todas las cámaras que la miraran.  Ese es y ese será por siempre el fenómeno Marilyn Monroe.

Sin mayores ambiciones pero sí con muchos aciertos lo que logra Curtis es un acercamiento, más de provocación que de profundización,  al ídolo.  La Monroe fue siempre un vientecillo ligero y torpe al que solo detenía – y eternizaba – el flash de la cámara fotográfica.  Esa mezcla de lo etéreo con lo permanente se logra muy bien en Mi semana con Marilyn alternando la imagen estática de la fotografía con  el curso de la película .  

Lo fascinante de la Monroe era que a su banalidad la completaba un aura involuntaria de atracción y deseo. Ella no se lo proponía,  simplemente le surgía.  Esta mezcla desconcertante de no me doy cuenta pero sé que el mundo se derrumba a mi paso, está perfectamente representada en Mi semana con Marilyn. Michelle William lo hace con la espontaneidad que la tarea requería. La actriz captó de la diva  ese sonambulismo causado por las drogas y, especialmente, por ese no pertenecer a este mundo y saber que con un guiño o con  un dedo en la boca lo tenía a sus pies.

Mi semana con Marilyn es  una mirada de quien estuvo cerca de ella y, por ello,  con la distorsión inevitable que causa tal proximidad. Una semana con la Monroe obnubila, decepciona, intriga, desconcierta y enamora porque estar con ella es darse cuenta que su cercanía es un engaño,  que su belleza es un fingimiento supremo,  que su voz tiene la condena del eco, que la hemos inventado y sublimado a partir de un deseo insatisfecho y que lo que en ella vemos es apenas la luminiscencia de lo que nunca estuvo. No en vano es, en toda la extensión del término, una estrella.

Nota a deshoras: y si nos quedamos viéndola un rato....