FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

sábado, 27 de julio de 2013

LA PARTE DE LOS ANGELES



La parte de los ángeles

The Angels' Share

106 min. | Comedia | Drama
Público apropiado: Jóvenes-adultos
Año: 2012
Dirección: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Fotografía: Robbie Ryan
Distribuye en cine: Altafilms
Distribuye en otros formatos (DVD): Paramount


Clasificación : Vale la pena

Ken Loach, el director de La parte de los Angeles, lleva haciendo cine desde la segunda mitad de los sesentas. De su nutrida filmografía, mucha de ella en llave con el guionista Paul Laverty,  son pocas las películas  exhibidas en las salas colombianas. Su incursión en nuestra cartelera no tiene más de siete años. Aceptando el riesgo de la equivocación por omisión, El viento que agita la cebada (2006),  Buscando a Eric (2009) y, en este momento en cartelera, La parte de los ángeles (2012), son los títulos que hemos tenido oportunidad de ver. Es difícil, con apenas tres películas vistas, caracterizar una obra con más de treinta calendarios encima. Sin embargo a partir de tan reducida muestra y con la guía de quienes han seguido su trayectoria, al cine de Loach puede tenérselo como un trabajo donde predomina - visual, actoral y argumentalmente hablando - lo espontáneo, lo primario y lo natural . Todo puesto al servicio de una causa social y, propio del espíritu sesentero de su autor, con cierto ánimo contestatario de denuncia e inconformidad.

La parte de los ángeles, enseña la película, es ese mínimo porcentaje de alcohol que se evapora en el proceso de destilación y añejamiento del emblemático whisky escosés. Ese dos por ciento habrán de bebérselo, inhalándolo,  los ángeles que por allí merodeen.

Roobie, su protagonista, es un joven  rodeado de enemigos y de incertidumbres existenciales provocados, los unos y las otras, por su temperamento agresivo y rebelde.  Condenado a realizar trabajos de rehabilitación social con otros tres compañeros de infortunio,  vislumbrará en su desconocido talento para la cata del whisky, una compuerta para salir de ese mundo opresivo e injusto que lo ha visto mal crecer.

El cine de Loach tiene ese inconfundible tono con el que uno termina asociando el modus vivendi de las provincias del Reino Unido. Un tono tan burdo y simple que termina bordeando la ordinariez. Los jóvenes que protagonizan La parte de los ángeles carecen de toda esperanza y, también, de todo refinamiento. Son la muestra, primaria y maniquea, de una generación marcada por el fantasma de una Europa en crisis. A partir de ese prototipo Loach arma una historia que  usa como estribo de apoyo el humor y la sorna. Bobbie y sus compañeros de aventura  se matriculan en el cliché ya desgastado del clan disfuncional de amigos desadaptados en el que siempre está el tontarrón, el inteligente y la infaltable chica que sin ser de ninguno es, a la vez, la pareja de todos. Sin embargo la historia no se queda, al estilo de la saga de  The hangover,  en el encadenamiento hueco de los chascos que les suceden a estos aventureros marginales. Acomodado en el aburguesamiento que siempre viene con los años pero fiel aún a sus apegos ideológicos, tras el entramado cómico de La parte de los Angeles subyace la crítica de Loach a una sociedad en la que conviven, en inmanente tensión, el desempleado y el millonario que sin ningún empacho  gasta miles de dólares en una afamada botella de licor.

Sin lograr un relato compacto y convincente, la película de Loach alcanza, con algo de esfuerzo, un sabor placentero y entretenido. No tiene ni la estatura narrativa, ni la demoledora e irónica crítica de un Full Monty pero nos la recuerda de principio a fin por la desfachatez de sus personajes y por esa manera única del cine británico de mofarse de sus sofisticadas decadencias. En términos etílicos La parte de los ángeles es más un digestivo, agradable y ligero, que un single malt lleno de aromas y misterios.  

  

martes, 23 de julio de 2013

¿Y SI VIVIMOS TODOS JUNTOS?



¿Y si vivimos todos juntos?


Et si on vivait tous ensemble?

96 min. | Comedia | Drama
Público apropiado: Adultos
Año: 2011
País: FranciaAlemania
Dirección: Stéphane Robelin
Fotografía: Dominique Colin
Distribuye en cine: Golem
Distribuye en otros formatos (DVD): Cameo


Clasificación : Buen plan

Vejez y cine conforman un binomio de vieja data.  Ni son de ahora sino de siempre las películas sobre el viejo incomprendido y cascarrabias que se enfrenta a sus propios hijos, ni nuevas son aquellas otras en las que volteando las últimas esquinas de la vida, unos viejos juegan a reinventarse como amantes tardíos. En cada momento y según cual sea el lente que se emplee, la mirada es distinta porque distintas son las circunstancias que en cada momento rodean el declinar inevitable de la vida. Para referirme a algunas recientes pienso ahora, además de Y si vivimos juntos , en películas como El exótico Hotel Marigold (2011) o El Cuarteto (2012). En todas tres la vejez es presentada con una, a mi gusto, exagerada nota de glamour y encanto. En las tres hay un fingimiento que bordea el empalago. Los viejos de estas películas son una mar de vitalidad, distinción, humor y belleza. Hasta la muerte que los acecha tiene un discreto encanto que lejos de opacar sus vidas las lustra de sabiduría y solidaridad.

En Y si vivimos juntos unas parejas mayores y un amigo de ellas deciden  irse a vivir juntos porque, eso piensan,  nadie mejor que ellos mismos para cuidarse y acompañarse recíprocamente en esos silencios obtusos o en esas descoloridas melancolías que suelen rodear el final de los días. El problema de Y si vivimos juntos está en ese intento simplista y a la vez efectista de combinar comedia y drama con el muy cuestionable propósito,  desde lo cinematográfico y también desde lo estético,  de aseriar la primera y de volatizar el segundo. El resultado es pobremente entretenido. Se la pasa bien en Y si vivimos juntos  pero la película pasa sin ningún bien. Tampoco creo   - y en esto me aparto de varias críticas -  que lo rescatable sea el elenco y su desempeño actoral. Lo que hacen Bedos, Rich, Chaplin, Fonda y añosa compañía, es pararse allí a hacer valer, no lo que están haciendo, sino lo que alguna vez hicieron. Admitamos que la película no tiene pretensiones redentoras pero admitamos también que  tiene un cierto tufillo elitista que exalta como condición para un buen ocaso existencial cierto refinamiento, es decir, estiladas copas de vino tinto en la mesa y una sofisticada afición operática.

Desde lo creativo la película no intenta mayor cosa. Más que contar una buena historia o adentrarse en las complejidades de la ancianidad, la película de Robelin  es un producto cuyo demérito no es su levedad sino la imposibilidad  de aceptarla camuflándola tras una larga cascada de lugares comunes.  En lugar de la inmersión en las complejidades del comportamiento de la persona mayor, la película se va por la ruta rápida y, reconozcámoslo, también plácida, de apenas asomarse a las situaciones amables y graciosas que surgen de la convivencia de este selecto grupo de adultos mayores. Podrá decirse, como defensa de género, que se trata de una simple comedia y que fue con ese ánimo que se la hizo y que ha de ser con esta misma disposición  que ha de ir, despreocupadamente, el espectador a verla. 

Más allá del rótulo que se le ponga, en este caso el de comedia y también más allá de las fórmulas eclécticas que se utilicen tales como comedia dramática o drama cómico, lo cierto es que Y si vivimos juntos no es, desde la estructura argumental básica de la que nace tal clasificación, una comedia. Es por esto que al salir de la proyección queda esa sensación de haberla pasado bien pero con el desazón de no  haber podido asistir a  la buena película que Y si vivimos juntos pudo ser.

A manera de colofón un listado incompleto y personalísimo de películas que lograron con maestría - léase con respeto, humor e inteligencia -acercarse al mundo, ya algo nuestro, de los viejos:

“El crepúsculo de los dioses” Billy Wilder 1950
“Cuentos de Tokio” Yasujiro Ozu 1953
“El festín de Babette” Gabriel Axel 1987
“Lugares comunes” Adolfo Aristain 2002 

domingo, 16 de junio de 2013

AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS



Película: Amor es todo lo que necesitas. Título original: Love is all you need.Título original: Den skaldede frisør. Dirección: Susanne Bier. Países:Dinamarca e Italia. Año: 2012. Duración: 112 min. Género: Comedia romántica. Interpretación: Pierce Brosnan (Phillip), Tryne Dyrholm (Ida), Kim Bodnia (Leif), Molly Blixt Egeling (Astrid), Paprika Steen (Benedikte), Sebastian Jessen (Patrick). Guion: Anders Thomas Jensen. Producción: Sisse Graum Jorgensen y Vibeke Windelow. Música: Johan Söderqvist. Fotografía: Morten Søborg.Montaje: Pernille Bech Christensen y Morten Egholm. Diseño de producción: Peter Grant. Vestuario: Signe Sejlund. Distribuidora: Golem. Estreno en Dinamarca: 6 Septiembre 2012. Estreno en España: 21 Diciembre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


Calificación : Vale la pena   




Amor es todo lo que necesitas, la última película de la premiada directora danesa Susanne Bier, es un divertimento trajeado de comedia que sin alcanzar las dulzuras y sonrisas del género, sí deja, aunque pasajera, una agridulce sensación. No obstante sus altibajos, la película logra cierta redondez que  la  distancia de la comedia superflua y banal. 

Entre los bajos de Amor es todo lo que necesitas están, esa cierta manipulación efectista de los espléndidos paisajes del sur italiano, el empleo repetitivo y poco convincente  de una boda  como  plataforma en la que afloran, muy cerca del “sí te acepto” ,  sentimientos agazapados y desconocidos y, finalmente,  el uso del cliché ya tan desgastado del hombre maduro y huraño que de repente y por obra y gracia de un amor tardío y ceniciento cambia su ceño fruncido por la ternura de una mirada generosa y conquistadora.

A todos estos recursos de rasgos sabidos y consecuencias predecibles los contrarresta, magistralmente,  la finura con la que la Bier los emplea. Imposible no darse cuenta de las ligerezas de un guión más almibarado que elaborado, pero imposible  también desconocer que  la historia  no se queda en su faceta naif y rosa.   Por encima de su propia estructura y de sus carencias argumentales, la película de la Bier alcanza un tono sugestivo y creíble. Lo alcanza, creo yo, en muy buena medida por el personaje de Ida (Trine Dyrholm), una fascinante mezcla de tontera, inteligencia, valentía y belleza.  Es en torno a ella que se edifica toda la historia: su hija, próxima a casarse, es tan solo un referente, un foco intermitente que esparce su luz sobre la madre. Otro tanto pasa con Philip (Pierce Brosnan) el padre del novio. Solitario y vanidoso,  no parece capaz de hacer otra cosas que controlar despachos de limones y rábanos alrededor del mundo, hasta que esta mujer, aparentemente insignificante, irrumpe en su vida. 


Los dos protagonistas cumplen bien su misión. Brosnan es, irremediablemente, un buen galán. Sabe mirar, sabe decir la frase oportuna y sabe, desde sus tiempos de Remington Steele, que la mejor conquista siempre empieza por hacer sentir a la mujer pretendida, admirada y  respetada. Dyrholm logra un personaje entrañable: una mujer que desde la sencillez de su oficio de tinturas y tijeras pero, sobre todo, desde la claridad que da convivir con la enfermedad, entiende que todos los suyos, ella incluida, merecen perdón y un chance de felicidad.


Puede ser que después de un balance meticuloso, estéril y odioso,  Amor es todo lo que necesitas resulte ser un trabajo con más estereotipos que brillos; sin embargo, viéndola, se siente un cierto sopor que atrapa y que la hace, sino una imperdible, sí una de esas películas que resulta grato ver porque inscrita sin vergüenza  en las filas de la comedia romántica, es una historia bien contada que reivindica, sin altavoces ni aspavientos,  el inestimable valor de lo femenino.  

Nota a deshoras: Imposible no hacer la asociación con el gran clásico de los Beatles. Aquí esta hermosa versión globalizada






sábado, 1 de junio de 2013

JOSE Y PILAR



Título original : José y Pilar

Año : 2010

Duración : 125 min.

País:  Prutugal

Director: Miguel Goncalvez Mendes


Guión : Miguel Goncalvez Mendes

Fotografía : Daniel Nieves

Reparto : José Saramago, Pilar del Río

Género : Documental , biográfico

Web oficial : www.joseepilar.com  


Calificación : Buen plan

Hay que diferenciar. Una cosa es la empatía, la simpatía o la antipatía que pueda generarnos un personaje por su conducta o su forma de ver y vivir la vida y otra, distinta, el agrado o el desagrado que pueda producirnos el relato cinematográfico que  se ocupa de este mismo personaje.  La importancia de esta distinción se agudiza cuando se trata de una película documental. En este género  se trata ya no de unos actores que encarnan postizamente las vidas de otros, sino de seres reales a quienes la cámara aspira a capturar sin otra distorsión, que no es poca, que la que se produce en el tránsito de la realidad a la imagen. Una cosa es entonces, en el documental, que la forma de apresar y expresar una realidad (comúnmente la vida de algún notorio) nos parezca buena o  fallida y otra que esa misma realidad (ese alguien que nos es representado) nos plazca o nos disguste estética, moral o éticamente. Un documental sobre el sicariato nos puede parecer extraordinario así nos repugne hasta la médula ese aberrante oficio y, sobre todo, la decadencia social que lo propicia.  Lo propio, a la inversa,  puede sucedernos con un documental sobre la forma como en gimnasios anónimos y oscuros se forman, a punto de hambre y ansias, esos boxeadores que luego muerden, como desquitándose de la vida, sus preseas olímpicas. El tema puede subyugarnos pero la forma de contárselo puede decepcionarnos. Sin duda una cosa es el como se cuenta y otra, lo contado.

En José y Pilar (2010) , el documental del director portugués Miguel Goncalves Mendes,  hay entonces que diferenciar entre el gusto o el disgusto que pueden provocarnos las figuras públicas del propio Saramago y su esposa, la española Pilar del Río, y el  brillo o la opacidad de la película que recoge los últimos años del primero y la intensidad de la segunda.  Personalmente no me gustan los primeros y no me gustó la segunda.  

Como muchos llegué a Saramago a través de sus subyugantes novelas. Me fascinó El ensayo sobre la ceguera,  El Evangelio según Jesucristo y, especialmente,  Todos los nombres. Más tarde, cuando Saramago empezó a aparecer en noticieros y diarios me encontré con un hombre genial pero apático, brillante pero frío, portador y defensor de un discurso social pero privado de toda calidez humana. Como tantas otras veces me dije que el mejor y más limpio contacto con los escritores es siempre a través de sus obras y no  a través de sí mismos. Mejor quedarse con don José, el burócrata notarial de Todos los nombres que se enamora de una desconocida, que con el otro José que le dio vida al primero.  

De Pilar del Río poco o nada sabía y en la película nos la presentan como una mujer que se encaprichó hasta la obsesión con el Nobel no  para acompañarlo y secundarlo en su labor creativa , sino para lograr que los faros mediáticos buscándolo a él terminaran posándose en su compañera redentora.  A lo mejor la del Río, periodista de oficio, es una gran y desinteresada mujer. No lo sé. Lo que sí sé es que la imagen que me quedó de ella fue la de una habilidosa y muy superficial titiritera que se dedicó, tras el sospechoso rótulo de la trabajadora incansable,  a exponer, a cabestro diría yo, al pobre Saramago ante cuanta cámara y micrófono hubiera en el camino.

Pero una cosa es que ese Saramago y esa Pilar no me simpaticen y otra que eso convierta en buen o mal documental biográfico a José y Pilar. Si a mi juicio José y Pilar es un documental fallido y del todo prescindible es porque con él se desperdició la oportunidad de adentrarse en el desconcertante mundo del Nobel portugués, un mundo marcado por la brillantez de sus creaciones y por su visión atea y árida de la condición humana.  Se dejó ir la oportunidad para conocer, algo más de cerca, ese contraste entre el escritor de una sensibilidad extrema y el hombre político que pregonaba la igualdad desde su pedestal de odiosa superioridad.

José y Pilar es, sobretodo, Pilar y José.  Es ella la que aparece como el eje que soporta todos los giros. Si Saramago se mueve es por el impulso de ella; si Saramago lucha es porque ella lo motiva a hacerlo y si Saramago se embarca alocadamente en cuanto avión pueda transportarlo de un continente a otro, es porque ella es la hacedora insaciable de esas apretadas agendas. El Saramago de José y Pilar no es entonces ni el pensador polémico y ácido ni, mucho menos,  el creador polifacético que habló  tantos y tan disímiles lenguajes a través de sus personajes  El Saramago de José y Pilar es , sobretodo, el José de Pilar según la visión egocéntrica y absorbente de esta última.

Nunca he creído, con el adagio popular, que detrás de cada gran hombre hay siempre una gran mujer. Eso del detrás de  me parece pedante, odioso y soberanamente mentiroso.  Al lado de cada gran ser, hombre o mujer, suele haber otros, hombres y/o mujeres, que lo complementan, acompañan y justifican. Esa y no otra es nuestra condición. En José y Pilar quiso mostrarse la grandeza de la compañera del Nobel y en lo que terminó la película fue en la caricaturización de un grande y en el elogio, empalagoso hasta el hastío, de una mujer que quizás nunca entendió, como sí Saramago,  que la discreción es siempre la mejor aliada de la creación. 





miércoles, 1 de mayo de 2013

ALL THAT REMAINS





Título original : All that Remains 


Año : 2012

Duración : 89 min.

País: Suiza


Guión : Pierre-Adrian Irle, Valentin Rotelli


Género :Drama


Clasificación: Muy recomendada

Acaba de finalizar, acá en Bogotá, Eurocine 2013.  Con la facilidad que dan un marcador, el programa impreso del festival y , sobretodo, un montón de ganas, señalé las siete u ocho películas que vería esta vez.  Como tantas otras veces el asunto se quedó en el deseo y terminé viendo apenas dos. La suiza All that remains y la portuguesa Pilar e yo.

En la programación del Eurocine 2013 All that remains hace  parte del grupo de películas de carretera o road movies. Junto a ella, en esta misma categoría, el festival exhibe  El viaje a ninguna parte (España 1986), Jízda (República Checa 1994), Rabat (Bélgica – Países Bajos 2011) y The Pohjoiseen (Finlandia 2012).

Como sus congéneres, All that remains más que suceder o acontecer, rueda.  Se trata  de dos dispares parejas que emprenden sus travesías de camino sin ningún vínculo entre quienes las conforman y sin otro propósito que el de volcar en la vía un montón de sentimientos que les están reventando el alma. Las parejas, empujadas por una incomprensible suerte, comparten el mismo vehículo, la misma ruta, la misma travesía. Sin embargo los móviles que los llevan a botarse a la vía y los destinos que persiguen o de los que huyen son, al menos eso creen ellos, profundamente distintos.  Un primer gran atractivo de la película es la delicada forma como ambas parejas van evolucionando desde su burda disparidad hacia una empatía que nada tiene que ver con amistades forzadas o con enamoramientos rutilantes.  La pareja conformada por el hombre mayor, oriental él,  y la muchacha es, pese a los años, las culturas y las vidas que los separan, enigmáticamente armónica y complementaria. No se necesitan, no se buscan, no se entrelazan en el torrente humano de las ansias y las dependencias; simplemente se reúnen en el camino para recorrer juntos un fragmento que los marcará por siempre. La otra pareja, llamada quizás a un encuentro fugaz de cuerpos,  no hace más que reconfirmar, él con sus silencios y ella con sus inagotables parlamentos, su compartida condena a la soledad. Son sus diferencias las que de alguna manera los asemejan y es la imposibilidad esencial de compartir la que les permite, recíprocamente, aproximarse al indescifrable mundo del otro.

Hay, en All that remains, una fascinante quietud que contrasta con su idea central de permanente movimiento. Aunque nada se detiene, aunque todo rueda y aunque todo parece ir quedándose a la vera del camino, hay una constante sensación de quietud. Los distintos viajes que todos emprenden, suceden más por dentro. Las carreteras y sus impactantes paisajes no son más que un pretexto para hacernos ver que los viajes emprendidos no siguen ni una lógica de tiempos, ni una lógica de partidas y arribos.  Son travesías en las que el movimiento más que desplazar a los viajeros ,  remueve sus sentimientos, sus dolores y, en medio de ellos, el sinsentido perdurable de sus esperanzas. All that remains nos recuerda, con maestría visual y con un ritmo narrativo muy bien medido, que cuando estamos en movimiento pensamos y sentimos de otra manera.  De alguna manera no somos los mismos cuando el paisaje desfila veloz por nuestra ventanilla que cuando estamos inmersos en él. Cuando el avión aterriza, cuando el tren llega a su estación o cuando el auto se estaciona, no solo son ellos los que se detienen; algo en nosotros que con ellos se movía, también se detiene. Nos pensamos mejor desplazándonos por virtud del  movimiento que no es nuestro, que estando quietos. De alguna inexpresable y paradójica manera, la quietud que a veces demanda el alma, se la encuentra mejor dejándonos llevar por una carretera que nos conduzca a ninguna parte.  Es esto lo que a mi juicio transmite con enorme belleza y con sensible agudeza All that remains

No sé si Pierre-Adrian Irle y Valentin Rotelli, sus directores y guionistas, conozcan la obra del maestro Ozu. Quiero pensar que sí porque en varias ocasiones se siente ese lente minucioso que se posa sin afanes sobre un puente, o sobre un aviso de neón o sobre un enjambre de techos destacando de ellos un detalle que otra lente no habría percibido. Pienso por ejemplo en la escena donde el oriental y la muchacha comparten habitación en el hotelito de carretera. Como en las películas de Ozu, la cámara se arrodilla para estar a la altura de sus objetivos y transmitirles - y transmitirnos -  una indescriptible calidez de intimidad y cercanía. A este manejo magistral del lente se suma una fotografía que extasía y una música que lo envuelve todo con un tono que sin dramatismos ni exageraciones bordea perfectamente la suave melancolía.

Seguramente dejé de ver grandes joyas en el Eurocine que acaba de dejarnos.  Pero como en otras ocasiones y como suele pasarme cuando me acerco a los estantes de una librería y me decido, sin guía alguna, por aquel libro que pareciera haberme hecho algún guiño para que lo escogiera,  haber visto All that remains fue la confluencia de la suerte y de  un viejo gusto  por las películas de carretera. Siempre me ha gustado eso de irme sin tener que moverme.

sábado, 27 de abril de 2013

EFECTOS SECUNDARIOS





Título original  
Side effects 
Año
2013
Duración
109 min.
País
 Estados Unidos
Director
Steven Soderbergh
Guión
Scott Z. Burns
Música
Thomas Newman
Fotografía
Steven Soderbergh
Reparto
Rooney MaraJude LawCatherine Zeta-JonesChanning TatumVinessa Shaw,David CostabileAndrea BogartPolly Draper
Productora
Entertainment One / 1984 Private Defense Contractors / Di Bonaventura Pictures / Endgame Entertainment
Género
ThrillerIntriga | MedicinaDroga



Clasificación : Buen plan 

Sorprender no  siempre  es conquistar; sobresaltar no equivale a acertar. En esta oportunidad Steven Soderbergh, el versátil e irregular director de películas como Ocean´s Eleven (2001), Traffic (2000) y Sexo, mentiras y cintas de video (1989),  intenta construir , con muy buen material de base, un thriller complejo y sofisticado pero al final el resultado no es otro que una historia enrevesada que sacrifica los componentes atractivos de su guión por el sobrevalorado espejismo de un final inesperado.

En Efectos Secundarios Emily (Rooney Mara) es una mujer con trastornos emocionales que acude a un siquiatra, el Dr. Banks (Jude Law), para que la ayude a superar la conmoción del reencuentro con su esposo recién salido  de la cárcel y al que siente y resiente como una presencia indescifrable y amenazante. La ruta terapéutica no es otra que la del paraíso, artificial e infernal, de los fármacos. A partir de este planteamiento los hilos tensos del relato empiezan a entrecruzarse de tal forma que no es su propia tensión, como en los buenos thrillers, la que termina por romperlos, sino que es su equivocado planteamiento el que termina enredándolos.  Hasta la mitad de la película los temas insinuados son, principalmente, la ética médica, la ambición voraz de la industria farmacéutica y la concepción, manipulada desde distintas esferas del poder establecido, de la salud humana.  Temas como estos que  permitían presagiar una historia sustanciosa, se botan de pronto por el primer desagüe que se encuentra y en su lugar la historia opta por la ficha devaluada y plástica de un drama enredado que pretende brillar solo porque su  final es distinto a aquel que todos imaginábamos. Sí, sorprender no siempre es conquistar y sobresaltar no equivale acertar. Steven Soderbergh  anunció un número de elaborada prestidigitación y terminó con el truquillo  barato de la baraja marcada.

La fórmula del buen thriller, como tantas otras, ya está inventada sin que ello quiera decir que los márgenes de sorpresa de este género sean escasos. Aunque pudiera sonar paradójico o contradictorio, en este tipo de películas la capacidad de asombrar o innovar siempre parte del respeto a un modelo establecido al que solo se le supera bien cuando se lo enriquece, no cuando se lo ofende, desconoce o , simplemente, empobrece. El thriller no es más que el arte de tejer una telaraña y lograr que sea la cuasi invisibilidad de sus hilos la que genere una sensación insuperable de emoción y agarre . El buen thriller envuelve sin agredir, dosifica el aire sin ahogar y copa toda nuestra atención dispensándonos de pensar. En el caso de Efectos Secundarios seguramente otro  hubiera sido el resultado de la película si no se pone en juego tanto para sacar de ello tan poco; el cine está lleno de majestuosos ejemplos de cómo hacer cosas grandes a partir de las muy  pequeñas cosas.

Del reparto sobresale Rooney Mara que logra empujar una historia que siempre está bordeando el despeñadero de la confusión; su papel es sólido y convincente al punto de ser ella quien opaca a sus afamados compañeros de reparto. Jude Law lo hace bien, solo bien. La corrección de su actuación pone en evidencia que la historia que no se llegó a contar le habría sacado mucho más brillo a su capacidad actoral. Y de la Zeta-Jones solo decir, sin pedir perdón,  que en mi abecedario actoral la mujercita de Douglas ocupa exactamente el puesto de la letra que la apellida.