FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

domingo, 13 de febrero de 2011

Las cinco de mis amigos





Así como otras conversaciones pueden desembocar (o haber iniciado, continuado y terminado) en el gol anulado del domingo pasado,  en la caja triptónica del último modelo, en la  estrategia del político de turno, en la volatilidad de las tasas o en las incomparables bondades de las uchuvas orgánicas, las nuestras, las que solemos tener con mis amigos, siempre tienen uno, algunos o muchos momentos de cine. Son, la expresión nunca podría ser más válida, momentos de película.

Fue en uno de esos momentos cuando de pronto se me ocurrió la idea de preguntarles a los que allí estaban conmigo cuales eran sus cinco películas. Advertí entonces y lo seguí haciendo luego, que no preguntaba por las que  a juicio de cada uno de ellos eran las mejores cinco películas de la historia del cine sino por esas cinco películas que uno, por la razón que sea, lleva clavadas en el alma.

Se armó, dirían los argentinos, un enorme quilombo . Que cinco eran muy pocas, que no era justo que los pusiera en una escogencia tan grata y a la vez tan ingrata, que a lo mejor yo ya me había devanado los sesos buscando mis cinco y que quería que otros padecieran lo mismo, que era un juego al estilo reinado de belleza …. Le puse fin a la discusión diciéndoles que les dejaba la tarea, que tenían todo el tiempo del mundo para hacerla y que cuando la tuvieran me mandaran un correo con los cinco queridos nombres.

Confieso que el asunto me entusiasmó y empecé a correr la bola. Cuando me encontraba con alguien a quien yo supiera le gustaba el cine, de inmediato le hablaba de esta encuesta y le pedía que sin afanes pensara en sus cinco películas y que cuando las tuviera elegidas, con el dolor inevitable de quien al elegir desecha,  me lo hiciera saber porque yo pensaba hacer algo con esa, para mi, valiosísima información.

Tengo que decir que en ese momento lo único que pensaba hacer con esos íntimos listados era degustarlos. Me encantaba recibir esos correos y constatar con ellos como cada escogencia retrataba a su elector.  Los había armados  con el más profundo corazón; en ellos se relataba incluso las circunstancias en las que se había visto la película escogida. Otras listas eran menos expresivas pero no por ello menos sinceras. Las había en las que la gran mayoría de elegidas eran clásicos y otras en las que la más vieja de las seleccionadas era  del 2003.

Las listas  empezaron a revelarme tesoros ocultos. Había películas, no pocas, que ni siquiera había oído mentar.  Eso puso en evidencia mi ignorancia y me abrió un espacio fascinante de exploración. Otras listas avivaron recuerdos apagados y  sin excepción todas ellas me confirmaron que para sus autores el cine es más, mucho mas, que una entretención de fin de semana.

Ahora que este blog ya esté en funcionamiento, y lo está en muy buena medida por esas listas que bautice las cinco de mis amigos, me parece este un muy buen espacio, primero, para invitar a los que aún no lo han hecho para que por este medio cuenten cuales son sus cinco películas y, segundo, para compartir algunos hallazgos que resultaron de desmenuzar (el verbo es mucho más apropiado que  el sofisticado procesar) la información que recibí.

La muestra es pequeña. Los encuestados que contestaron fueron veinte. Algunos de ellos, juiciosos,  se limitaron a las cinco. Otros colaban dos o tres más y los hubo que el número señalado les importó, en coincidencia numérica, cinco y en sus listas metieron cerca de veinte. A todos los entiendo. Más de uno, algo incómodo con la encuesta, me decía con cierto tono desafiante, ¿y las cinco suyas cuáles son?¿ o es que se va a dar  el gusto de armar la suya a partir del esfuerzo de los demás? No sé si eso hice. Lo cierto es que cuando le pedía a los amigos sus cinco yo no tenía las mías. Vine a tenerlas después con la entera convicción de que se trata de listados apuntalados por el corazón pero, quizás por eso mismo, fugaces y cambiantes. Tengo la certeza de que si hoy volviera a hacer entre los mismos la misma encuesta, muchos nombres cambiarían. Eso finalmente habla bien de los electores y también de las elegidas.

Estos son  los resultados de este primer y muy artesanal sondeo:

  1. Las de mayor votación

Ganó,  con tres votos,  la Novicia  Rebelde (The sound of music), la ya inmortal historia de una novicia, encarnada por Julie Andrews, que deja el convento para convertirse en la nana de los siete hijos de un militar retirado. La foto que encabeza esta nota es un homenaje a la ganadora.

Con dos votos le siguen

Casablanca,  
Ben Hur, 
La naranja mecánica,
Blow Up, 
El Padrino I,
Annie Hall
La vida de los otros.

  1. En español

De las más de cien películas votadas estas son las habladas en español:

Los olvidados,
Viridiana,
Hable con ella,
El hijo de la novia
Amores perros
Luz silenciosa

  1. Por director

Woody Allen fue el más votado con

Annie Hall,
Everyone says i love you  
Match Point .

Le siguen, cada uno con dos,

Hitchcock  con

Vertigo
La ventana indiscreta y

Antonioni con  

Zabriskie Point  
Blow Up

  1. Las clásicas

Si por clásicas entendemos las películas del sesenta para atrás, estas son, de más a menos viejas, las doce elegidas:

El testamento del Dr. Mabuse  (Fritz Lang, 1933)
The painted veil (Richard Boleslawski, 1934)
Casablanca (Michael Curtiz, 1942)
Que bello es vivir (Frank Capra, 1946)
Los olvidados (Luis Buñuel, 1950)
La ventana indiscreta (Alfred Hitchcock, 1954)
Riffifi (Jules Dassin, 1955)
Vertigo (Alfred Hitchcock, 1958)
Les 400 coups (François Truffaut, 1959)
Hiroshima mon amour (Alain Resnais, 1959)
Ben Hur (William Wyler, 1959)
La dolce vita (Federico Fellini, 1960)

  1. Las desconocidas

Confieso que no conocía estas

Riffifi (Jules Bassin, 1955)
Rashomon (Akiro Kurosawa, 1950)
El conformista (Bernardo Bertolucci, 1970)
Aguirre, la cólera de Dios (Werner Herzog, 1972)
Highlander (Russel Mulcahy, 1986)
El testamento del Dr Mabuse (Fritz Lang, 1933)
La felicidad (Agnes Varda, 1965)
El retorno (Franco Piavoli, 1990)
Me and you and everyone we know  (Miranda July, 2005)
The squid and the whale (Noah Baumbach, 2005)
Luz silenciosa (Carlos Reygadas, 2007)
El perro  de Mongol ( Byambasuren Devaa, 2005)
The painted veil (Richard Boleslawski 934 y John Curran, 2006)
Coffe and cigarettes (Jim Jarmuch, 2003)


  1. Las más

La más vieja

El testamento del Dr. Mabuse (Fritz Lang, 1933)

La más nueva

A serious man (Joel y Ethan Coen, 2009)

La de más alta puntuación en las páginas de cine

El padrino I (Francis Ford Coppola, 1972)


A todos los que aún no las han elegido,  escarben en la memoria y cuéntenos cuales son sus cinco películas. Así podremos enriquecer esta encuesta que no tiene otro propósito que compartir reencuentros y propiciar, por contagio, nuevos hallazgos.






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jueves, 10 de febrero de 2011

Breve historia de este blog


Hace un par de años me propuse escribir unas líneas sobre cada película que viera. Con el paso del tiempo a la tarea le fui colgando sus reglas. La primera: no serían críticas de cine, serían - aspirarian a ser - notas sobre las impresiones causadas por las películas vistas; la segunda: solo escribiria sobre las películas vistas en el teatro, no sobre aquellas otras vistas en casa, en los ordenadores, en los aviones o donde fuera y la tercera: mas allá de la dificultad y el placer personales que siempre van de la mano con el escribir, bien valía la pena compartir con otros estas letras.

Como pertenezco a la generación del papel, soñé - sigo haciéndolo -   con un libro que recogiera estas notas. Sin embargo alguien un día me propuso que hiciera con esas notas este blog.Y aquí estoy.

Notarán que las notas no tienen la concisión que parece demandar el lenguaje del blog. Más de una vez son textos en los que, sin mayores límites, me dejé llevar por el impulso de escribir sobre las impresiones que me dejaron las películas vistas.

Salvo una nota sobre la foto que encabeza el blog, todas las demás son comentarios    - afectivos diría yo - sobre las películas que he visto en estos dos  años.

Intentaré adaptarme a los veloces e imperdurables lenguajes del blog. No garantizo mayor cosa. También me gusta  la idea de escribir no sólo sobre las películas vistas, sino también sobre cualquier dato, más curioso que noticioso,  relacionado con el cine. Y, por supuesto, lo más llamativo es que algún lector le de sentido y brillo a esta aventura con sus comentarios y notas. 

Yendo a cine es el nombre de este blog. Escogí el gerundio del verbo ir porque sugiere una acción en curso, todavía inacabada y por lo mismo de desenlace incierto. Y eso precisamente es lo que sentimos aquellos que siempre estamos pendientes de la cartelera, del hallazgo o del reencuentro cinematográfico; aquellos que siempre estamos yendo a cine.

miércoles, 9 de febrero de 2011

El gran concierto


TÍTULO ORIGINAL Le concert

AÑO 2009 

DURACIÓN 119 min.  

PAÍS   Francia

DIRECTOR Radu Mihaileanu

GUIÓN Radu Mihaileanu
MÚSICA Varios
FOTOGRAFÍA Laurent Dailland
REPARTO Aleksei Guskov, Mélanie Laurent, Dmitri Nazarov, Valeriy Barinov, François Berléand, Miou-Miou, Lionel Abelanski, Vasile Albinet, Laurent Bateau, Ramzy Bedia
PRODUCTORA Coproducción Francia-Bélgica-Rumanía-Italia; Oï Oï Oï Productions / Les Productions du Trésor / France 3 Cinéma / Europa Corp. / Castel Film Romania / Panache Productions / Radio Télévision Belge Francophone (RTBF) / BIM Distribuzione
PREMIOS 2010: Premios del Cine Europeo: Nominada mejor guión

GÉNERO Comedia | Música


Clasificación : Vale la pena

El gran concierto es una película que te abraza a cada rato y que  al hacerlo te impide detenerte en sus altibajos. Hay un momento, no sabría decir cual, en el que te desentiendes de estructuras, ritmos, planos y verosimilitudes para entregarte, con  una envidiable irresponsabilidad, al  primario placer de la emoción.

Desde las juiciosas tribunas de la crítica El gran concierto es una película que cojea de principio a fin  por  todos los lugares comunes que la pueblan. La historia es ingenua y enteramente predecible.  Su humor es algo ramplón  y los personajes de la historia parecen  bajados de un carromato circense. No obstante todas estas notas que podrían tenerse como defectos, la película provoca un  inocultable encanto en  el espectador que muy pronto reconoce de que se trata el juego que se le propone y sin mayor vacilación lo acepta porque en  el cine  no todo ha de ser o entretenimiento pasajero o  travesía con sentido intelectual.

La historia de  El gran concierto  es de suyo atractiva y pegajosa.  El  viejo director del  Bolchoi, hoy relegado a la condición de simple utilero de la famosa orquesta, se entera del proyecto de un concierto en Paris.  Sin pensarlo dos veces se embarca en la disparatada aventura de reagrupar, haciéndolos pasar como si fueran la orquesta  oficial, a  los viejos músicos para demostrarse a sí mismo, demostrarle a sus viejos compañeros de ruta y demostrarle  al mundo entero, que lo que fue alguna vez puede rehacerse  y que si  el mayor riesgo es no lograrlo, un tal fracaso también  será un sentido homenaje al irrecuperable pasado.  Tras ese sueño suceden entonces los típicos percances de  comedia ordinaria: no hay plata para los tiquetes aéreos, los músicos son indisciplinados, ninguno de ellos tiene visa para entrar  Francia y en la recta final el director del Bolchoi se da cuenta del engaño.

La película no se hunde en  la banalidad de una comedia de pacotilla por dos o tres elementos: el primero de ellos, arrasador e indiscutible, la magia de la  música y, más exactamente, la del concierto para violín  y orquesta de Chaikovsky; hacia su interpretación  en  París se mueve toda la película y no es difícil presentir que la ceremonia será apoteósica. Uno segundo y quizás el más valioso, está dado por los referentes históricos de la trama: de una parte la era oscurantista de Brezhnev  con  todas sus arbitrariedades y, de otra, la historia de Lea , la mamá de la protagonista, una violinista judía que no puede interpretar el concierto de Chaikovsky por orden  del dictador. A esos puntos de historia  se suma, ya quizás incomprensible para las nuevas generaciones, el sueño igualitario del estado comunista. Y el tercero corre a cargo de la bellísima Mélanie Laurent en  su papel de Anne Marie Jacket , la joven  violinista que después de un  titubeo inicial aceptar tocar,  con  el inmortal  Bolchoi, el concierto del maestro ruso. La interpretación magistral tendrá que estar atada al esclarecimiento de su pasado. La Laurent enamora desde su primera aparición y deja impregnado todo el ambiente de su elegante sensualidad.  Como no recordarla en su inolvidable papel en la fantástica Bastardos sin gloria del gran Tarantino.

Pero una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Que el Gran Concierto nos enganche con una historia un tanto clichesuda y que lleguemos incluso a realmente emocionarnos con el allegro vivacísimo del concierto de Chaikovski, no la hacen una buena película. A riesgo de ofender razones y corazones hay que decir sin empachos que el que nos guste una película no la hace una buena  película aunque por supuesto y felizmente casi siempre nos gusta una buena película. Uno puede, por ejemplo, adorar Pretty woman y verla infinidad de veces, a pedazos, por la tele cerrada. Pero de allí a decir que es una buena película hay una enorme distancia. No puede negársele a películas como esta su halo, su singular encanto. A esa capacidad indescifrable de encantar al público el cine le debe muchísimo o, sin temor a exagerar, el cine se debe, todo él, a esa capacidad de cautivar, de transportar. Pero  una cosa es ese perturbador efecto en el siempre vale la pena caer y otra,  diversa, que quien lo cause tenga la estatura de una buena película .

Con una simpleza que yo no soy quien para desaprobar pero que simplemente no comparto, suele decirse que por ser el cine entretención aquel que nos entretenga y bien lo haga  será ya por eso buen cine. No. El cine es mucho más. Su ambición pasa por la estación de la entretención pero su rumbo final tiene más que ver con la conmoción estética, con el resignificado mismo de nuestra condición humana.

El gran concierto es un  bien logrado pizzicato  en la piel. Pero no es, lejos está de serlo, un concerto grosso para el espíritu.


domingo, 6 de febrero de 2011

Amor de familia



TÍTULO ORIGINAL Le premier jour du reste de ta vie

AÑO 2008 

DURACIÓN 114 min.    

PAÍS    Francia 

DIRECTOR Rémi Bezançon

GUIÓN Rémi Bezançon
MÚSICA Sinclair
FOTOGRAFÍA Antoine Monod
REPARTO Jacques Gamblin, Zabou Breitman, Déborah François, Marc-André Grondin, Pio Marmaï, Roger Dumas, Cécile Cassel, Stanley Weber, Sarah Cohen-Hadria, Camille De Pazzis, Aymeric Cormerais, Lyès Salem
PRODUCTORA Mandarin Films
WEB OFICIAL http://www.lepremierjour-lefilm.com/

GÉNERO Drama. Comedia | Familia


Clasificación : Vale la pena

Para quienes tenemos un conocimiento muy fragmentario del cine francés, Amor de familia es una película que sin abandonar ese inconfundible tono que tienen las películas francesas, no cae en el drama existencialista con el que solemos asociar, de seguro por tener acceso solo a una pequeña porción de su producción cinematográfica, el cine de ese país. 

Cuando hablo del tono amargo y complejo del cine francés pienso en películas como la Betty Blue de Jean Jacques Beineix o La pianista de Michael Haneke o La piscina de Francois Ozon. Cintas de las que se sale con un incómodo nudo en el alma, con una percepción sombría de que el ser humano ha ido extraviándose en laberintos en los que todo se vale para sortear como mejor podamos una existencia desposeída de sentido. No es esta, en cambio, la sensación que  nos queda después de ver Amor  de familia.  La película muestra los momentos determinantes de una familia parisina de clase media. La independencia del mayor de los hijos, el aborto  de la única hija, el amor extraviado del menor de los muchachos, las zozobras emocionales y afectivas de la mamá, la muerte del abuelo….Episodios cargados de sentimiento que se cuentan sin  la afectación del drama y sin el facilismo de la moraleja edificante. Amor de familia  logra una narración profunda pero  no densa y para ello se sirve, en justas dosis, de un humor que nos recuerda lo pasajera que suele ser la trascendencia.

Al igual que el  literario, el relato cinematográfico necesita momentos encumbrados. Me refiero a pasajes donde la acción se trepe, donde la emoción bordee la conmoción, donde los desenlaces cuesten muertes o besos o despedidas o insinuantes intrigas. Al cine no se lo concibe narrando historias anónimas e insulsas. Es más, cuando esto hace la intención subyacente es   redescubrir en la ordinariez el valor de lo cotidiano.

Amor de familia es una sucesión de momentos en los que confluyen y se entremezclan, al punto del conflicto agresivo, temperamentos muy disímiles. El gran mérito de la historia es que todos sus protagonistas, padres e hijos, son a la vez héroes y villanos. Ninguno tiene la razón pero todos tienen sus razones y es por eso que con todos ellos nos identificamos un poco, no quedándonos otra opción que quererlos así como son porque  es así, tal y como somos, que a tropezones nosotros mismos nos queremos.

El cine de Remi Bezancon nos recuerda la producción cinematográfica de su compatriota  Jean Becker a quien recordamos por películas como Conversaciones con mi jardinero o  La fortuna de vivir. En el cine de ambos se revela esa manera peculiar que tienen los franceses de encarar la existencia pero, más que esta, lo que en ambos también aflora es esa fe inquebrantable en la capacidad humana para superar las dificultades que nos depara la vida. No se trata ni de heroísmos, ni de santidades. Se trata de ir por el mundo expuesto y sin seguro  a sabiendas de que siempre habrá la posibilidad de una sonrisa   o  la de un recuerdo en la más inesperada esquina.

Como dice un noticiero, se nos queda en la retina la escena en la que el menor de los hijos participa en un concurso imitando, sin guitarra, a un guitarrista. Su padre lo  mira desde la barra y es también él  quien con su boca fruncida y sus ojos entrecerrados se funde momentáneamente  con su hijo para darle vida a ese Magic Fingers sobre el que se derraman  todas las luces del escenario y sobre el que se posa esa mirada de mujer que luego no será más que un fantasma.  Son momentos como este los que zarandean la narración cinematográfica y los  que hacen en ultimas que nos guste una película. 

miércoles, 2 de febrero de 2011

La foto de este blog


Muchos de ustedes la habrán reconocido ya. La foto es de la cinta Atrapa a un Ladron de Hitchcock. Grace Kelly conduce el coche (si escribiéramos como hablamos diriamos que la Kelly maneja el carro) y a su lado, extasiado, Cary Grant la mira.La historia, de seguro matizada por los tintes de la fantasia, dice que mientras se rodaba la pelicula el principe Raniero III de Monaco empezó  a cortejear a la bellisima Kelly.  La cosa terminó en propuesta matrimonial bajo la condicion, pobre Kelly, de abandonar las grabaciones y el glamour de la pantalla. Ella aceptó y hubo boda del siglo.  

Cuenta la leyenda que en el septiembre del  82 y yendo por la misma carretera en la que se grabó la escena cuya foto encabeza este blog,  la Kelly se accidentó. Con ella iba  la  menor de sus  hijas, Estefania de Monaco. 

Dicen las incomprobables historias que madre e hija reñían cuando el carro se accidentó; dicen tambien que era Estefania la que conducía y  que quizás fue la riña la causa del  accidente....

Al día siguiente del hecho, un aciago 14 de septiembre, la Kelly   decidió, quizás en un luctuoso gesto de reconciliación con su hija, que la mejor manera de perpetuar su principado en este mundo era  abandonándolo.

Importa poco la verdad de lo sucedido. La Kelly se  marchó llevándose consigo ese halo de princesa inalcanzable que siempre tuvo. Raniero no la hizo princesa, ella ya lo era cuando él la conoció. El titulo nobiliario no hizo más que ratificar una condicion que se leía en cada uno de sus gestos, en sus ojos, en ese pelo dorado movido por el viento en el descapotable de la inmortal escena con Grant.

Yendo al cine es el nombre de este blog y escogi  esta foto de la Kelly con Grant como su emblema porque nada cuesta imaginar,  traicionando la historia original, que la pareja esta yendo al cine y  que esa felicidad despreocuada de los dos no puede tener otra razón que la fascinación que a algunos siempre nos produce el encuentro con la pantalla grande. 

domingo, 9 de enero de 2011

Red



TÍTULO ORIGINAL Red

AÑO 2010

DURACIÓN 111 min.   

PAÍS Estados Unidos 


DIRECTOR Robert Schwentke

GUIÓN Jon Hoeber, Erich Hoeber (Cómic: Warren Ellis)
MÚSICA Christophe Beck
FOTOGRAFÍA Florian Ballhaus
REPARTO Bruce Willis, John Malkovich, Morgan Freeman, Helen Mirren, Karl Urban, Mary-Louise Parker, Rebecca Pidgeon, Ernest Borgnine
PRODUCTORA Di Bonaventura Pictures / Summit Entertainment
WEB OFICIAL http://www.red-themovie.com/
PREMIOS 2010: Globos de Oro: Nominada a la mejor película comedia/musical

GÉNERO Acción. Comedia | Cómic


Clasificación : Vale la pena

Es una película que se deja ver. Eso dicen muchos de Red y al decirlo no expresa otra cosa que esa pasajera aprobación que nos merecen aquellas películas que nos entretienen durante el tiempo que duran pero cuya perdurabilidad es ninguna. Red es, en efecto,  una entretenida aventura de un puñado de agentes retirados de la CIA que se ven envueltos en una conspiración que pondrá a prueba esas capacidades que les valieron un retiro rodeado de méritos y respeto.

El grupo lo encabeza el ya legendario Bruce Willis y lo secundan  con sus halos de recordación y brillo  John Malkovich, Morgan Freeman y, con su elegancia intacta y desafiante,  la siempre Helen Mirren. A todos se les impone la comprometedora misión de demostrar que a sus  y tantos años todavía pueden desafiar y derrotar a legiones conformadas por jóvenes temarios y ambiciosos, es decir, por los jóvenes que ellos alguna vez fueron   

Viéndolos ahora es como si ellos, cuasieternos, tuvieran consigo la impronta de la victoria. Si atrás vencieron por  su arrojo ahora, cuando la curva vital declina, derrotan con su inteligencia en calma y con su demoledor humor. 

De la misión salen airosos no tanto por haber vencido al potente adversario sino por haberse convencido a sí mismos que el de ahora es más un tiempo de entretención, diversión e, incluso y sin la cursilería con la que pudiera asociarse la expresión,  un tiempo de amor. Atrás quedó la agresión y la inocua demolición.

Es tal la buena química que hay entre estos veteranos que no cuesta trabajo imaginarlos bromeando en las pausas de la filmación. Debieron divertirse un montón y eso alcanza a percibirse, no pregunten de qué manera, en la película. Es eso precisamente lo que la salva de ser una película del montón; es ese halo de camaradería y burla entre estos actores que tanto queremos lo que hace que Red sea una película que, con especial gusto, se deja ver.

Si hay películas que como Red  se dejan ver, las habrá, por oposición, que no se dejan ver.  De la mano de esta endeble categorización yo creo que las películas que no se dejan ver son aquellas a cuya pobreza argumental se suma el fiasco de su puesta en escena, así se trate de la más ligera y pasajera de las  comedias. Pero así como tales películas no se dejan ver, tampoco se dejan ver aquellas que se estrangulan en un malogrado intento  de refinación. Nada más inaguantable que esas películas postizas y laberínticas  que andan por ahí a la caza de los espectadores sofisticados y cultos que las entiendan. Siempre los encuentran pero no es porque estos las entiendan, es porque forma parte de su pedanteria intelectual preciarse de supuestamente entender todo aquello  que los demás no entienden.

Faltan, entre los extremos de las que se dejan ver y  las que no se dejan ver, aquellas otras películas en el que el verlas no está precedido ni de una permisión ni, tampoco, de una prohibición. Son aquellas que, simple y gozosamente, se ven. Ante ellas no sentimos que se están dejando ver, como placenteramente sucede en  Red,  ni que  el verlas nos ofende. Sentimos por el contrario que su visión es el prodigioso resultado de haber aceptado una invitación que nunca se nos formuló. 

sábado, 8 de enero de 2011

Red social



TÍTULO ORIGINAL The Social Network

AÑO 2010 

DURACIÓN 120 min.    

PAÍS    Estados Unidos 

DIRECTOR David Fincher
GUIÓN Aaron Sorkin (Novela: Ben Mezrich)
MÚSICA Atticus Ross, Trent Reznor
FOTOGRAFÍA Jeff Cronenweth
REPARTO Jesse Eisenberg, Andrew Garfield, Justin Timberlake, Armie Hammer, Joseph Mazzello, Max Minghella, Rashida Jones, Brenda Song, Rooney Mara, Malese Jow, Trevor Wright, Dakota Johnson, Aaron Sorkin
PRODUCTORA Sony Pictures / Michael De Luca Productions / Scott Rudin Productions / Trigger Street Productions
WEB OFICIAL http://www.laredsocial-lapelicula.com/
PREMIOS 2010: NBR - Asociación de Críticos Norteamericanos: 4 Premios, incluyendo mejor película
2010: Círculo de Críticos de Nueva York: Mejor película, mejor director
2010: Satellite Awards: Mejor película, director, guión. 7 nominaciones
2010: Globos de Oro: 6 nominaciones, incluyendo película drama, director y guión original

GÉNERO Drama | Biográfico. Colegios & Universidad. Adolescencia. Drama judicial


Clasificación : Vale la pena

Con alguna impropiedad se suele hablar del cine de época para referirse a aquel a recrea un momento específico de la historia, bien sea mediante el relato de sucesos que para ese entonces supuestamente sucedieron, bien sea mediante la puesta en escena de una ficción acaecida en dicho momento. A Pride and Prejudice, entre nosotros Orgullo y Prejuicio, se la considera, por ejemplo, una película de época porque se instala en la Inglaterra de finales del siglo XVIII para desde allí contar, con maestría diría yo, unos entreveros de amor, pasión y decepción. Hoy, apenas en los albores del siglo XXI, se considera de época aquella película  cuya historia se desenvuelva, por tarde, en las postrimerías del siglo XIX. Es como si el sello del siglo XX ya no fuera compatible con el concepto de cine de época. Habrá que esperar - no lo haremos nosotros - otros cincuenta o cien años para que las películas con historias sucedidas en el siglo XX puedan entrar en la galería del denominado cine de época.

Ahora bien, el concepto de cine de época supera el criterio estrictamente temporal. No sólo se considera de época aquella película cuyos hechos se sucedan en tal o cual siglo. Lo que realmente la hace de época es que recoja y exprese el modo de vida imperante en un determinado momento de la historia del hombre. De época es aquella película que sirviéndose de una historia cualquiera la inserta en el abigarrado marco de unas costumbres, unos gustos, un modo de vestir, una manera de comer y, en fin, una manera de ser, de relacionarse con el otro y de encarar el desafío de la existencia cotidiana.

Bajo los anteriores parámetros sería todo un desatino decir que Red Social, la comentadísima película del  director David Fincher, es una película de época. Sin embargo y a riesgo, a deseado riesgo, de ofender los estrechos cánones de las clasificaciones, bien puede decirse que Red Social es, sobretodo, una película de época, con la obvia precisión de que es una película de esta época. Recuerdo ahora aquel diálogo de Mafalda con su papá en el que ella le pregunta que si en sus tiempos se vivía mejor que ahora y él le contesta que entonces no había armas nucleares ni tantos líos sociales y agrega “pero que querés que te diga?”y ella le dice “quería que me dijeras que estos todavía son tus tiempos, pero veo que estás medio ñac…” 

Pues bien Red Social es un retrato estremecedor de esta época y eso ya le confiere un especial significado y un gran valor. Se trata además de un retrato sin efectismos de moral y sin heroísmos postizos. David Fincher, apoyado sin duda en el extraordinario guión de Aaron Sorkin, logra una historia compacta y muy bien hilvanada acerca de la creación, crecimiento y consolidación de Facebook , la red virtual social más grande y poderosa del planeta.

La historia que pudo haber caído en endiosamientos o condenas o en tramas artificiosamente emocionantes, optó por un relato  básico y a la vez cautivante, características que vienen dadas por una sencilla y a la vez muy poderosa razón: porque esa es la dinámica y el modo de ver el mundo de aquellos que en los últimos años lo han transformado con sus visiones, sus inventos y sus creaciones. Facebook fue un chispazo elemental  para un genio de la programación. Su importancia y su enorme impacto en la manera de entender las nuevas relaciones sociales no derivan de su compleja estructura sino, bien por el contrario, de su simpleza, de esa simpleza que le viene como guante hecho a la medida para unas generaciones que lo abrevian todo, que todo lo quieren ver en las planísimas pantallas que hoy conforman, para bien o para mal vaya uno a saber, sus trepidantes y ligeros mundos.

Red Social  es una película de hoy y su acierto principal es  haber utilizado un lenguaje cinematográfico acorde con la manera como ya viene escribiéndose desde hace algún tiempo este capitulo de la historia del hombre.

Como el papá de Mafalda yo ya no sé bien si estos de ahora son mis tiempos; lo que sí sé es que los tiempos de ahora son  los que discurren fugaces por estas redes que abarcan tanto y atrapan tan poco.