FITZCARRALDO

FITZCARRALDO
FITZCARRALDO. Werner Herzog. Klaus Kinski

sábado, 12 de octubre de 2013

ANTES DEL ANOCHECER



Antes del anochecer


Before Midnight
108 min. | Comedia | Drama | Romántico
Público apropiado: Jóvenes-adultos
Año: 2013
País: EE.UU.
Dirección: Richard Linklater
Música: Graham Reynolds
Fotografía: Christos Voudouris
Distribuye en cine: A Contracorriente
Distribuye en otros formatos (DVD, Blu-ray): A Contracorriente


Antes del Anochecer, la tercera de las películas de Richard Linklater sobre la relación amorosa entre Céline (Julie Delpy) y Jesse (Ethan Hawke), es una historia forzada y recargada que dista mucho del encanto y del brillo de sus predecesoras. Podrá decirse - y de hecho mucho se ha dicho – que en esta oportunidad la pareja protagonista  toca tierra y muestra como  ha pasado de los arrebatos y ensoñaciones  juveniles a las arideces, hoscas no pocas veces,  de la edad adulta. Eso es cierto como cierto es también que ninguna relación de espíritu, carne y hueso conserva el cosquilleo y el asombro de los primeros momentos. Pero una cosa es la constatación un tanto perogrullesca de que las relaciones amorosas mudan constantemente sus expresiones y formas y otra, bien distinta,  que Antes del Anochecer haya logrado hacer de ello una buena película......

Para ver el comentario completo de Antes del Anochecer visítenos ahora en:

http://www.distintamirada.com/es/cms_reviews/view_item/94/antes_del_anochecer

En esta nueva página  www.distintamirada.com encontrará los comentarios que hasta ahora venían publicándose en este blog. Lo esperamos.

sábado, 7 de septiembre de 2013

BUSCANDO A SUGAR MAN





Searching for Sugar Man

86 min. | Biográfico | Documental | Musical
Público apropiado: Jóvenes
Año: 2012
País: SueciaReino Unido
Dirección: Malik Bendjelloul
Música: Rodríguez
Fotografía: Camilla Skagerström
Distribuye en cine: Avalon
Distribuye en otros formatos (DVD, Blu-ray): Cameo

Calificación :  Muy recomendada

Confieso que cuando me senté en la butaca no tenía la menor idea de quien era Sixto Rodríguez; esta vez, a diferencia de tantas otras, llegué a ver Buscando a Sugar Man sin haber hecho ningún tipo de pesquisa. Apenas el comentario de un amigo que me dijo que le había gustado. La primera y equívoca sorpresa que tuve fue la de toparme con un documental. Tan no sabía que se trataba de una película de este género que sospeché durante un buen rato que se trataba de una total impostura. Pensé que estaba ante un drama al que se le inyectaba su buena dosis de credibilidad bajo la fingida estructura de un documental. A medida que la película fue avanzando con su lento y a la vez trepidante ritmo, me di cuenta que sí, que efectivamente estaba viendo un documental pero un documental que se salía del formato un tanto estereotipado de este género.

En el documental dos seguidores del emblemático cantante Rodríguez, ícono de las juventudes inconformes que vivieron el apartheid sudafricano, deciden reconstruir la enigmática vida  de este artista que algunos comparan, por la hondura de sus letras, con Bob Dylan y otros, por ese imán que marca a unos pocos, con Elvis Presley. Buscando a Sugar Man es el resultado de una investigación que esconde, bajo la fachada endeble de una reconstrucción biográfica,  la humanización de un mito.   

En contraste con la lisura argumental que suele caracterizar al documental, Buscando a Sugar Man es una historia potente que echa mano del factor intriga para envolver al espectador. Uno solo va sabiendo, paso a paso, si Rodríguez aún está vivo o si fue verdad que, trocando el micrófono por un revolver,  se voló los sesos delante de su público; solo de a pocos uno se va dando cuenta que la música que suena es la voz gangosa y profunda de Rodríguez. Es en un momento que nos damos cuenta que al tiempo que lo vemos en la pantalla Rodríguez estará, kilómetros al norte, en la desvencijada Detroit rasgando su guitarra.

En Buscando a Sugar Man  Malik  Bendjelloul, su guionista y director, no se fue por la línea fácil de  hablar de viejos o de niños en tonos dramáticos y emotivos; optó por hacer una historia muy humana sobre un ser real, complejo pero a la vez enormemente sencillo.  Se trata de una historia absorbente en la que van convergiendo temas tan disímiles como las veleidades de la industria discográfica, la vocación auténtica del artista y la aberrante plasticidad de la fama.

Tanto la estructura argumental como la visual de Buscando a Sugar Man son impecables.  Basada en una sucesión de entrevistas y testimonios, a la película nunca se la siente como un collage periodístico; sus piezas se disuelven en la historia y es esta la que da a aquellas una sorprendente cohesión. Uno no queda con el efecto estéril y pasajero de saber algo sobre el enigmático Rodriguez; uno queda por el contrario con la sensación fecunda de haber descubierto una obra que esconde, como las grandes, al artista que hay tras ella.  

Desde lo visual Buscando a Sugar Man rompe con los arquetipos de lo bello. Las imágenes de Detroit son desoladoras; la cámara elude la simpleza de los lugares comunes de lo superficialmente bonito y prefiere quedarse con la expresividad de los rostros de los entrevistados y con la poquísima locuacidad del protagonista. La fotografía explota muy bien el material de archivo y logra, combinándolo con tomas de momento, un tono visual en el que los defectos de la imagen terminan convirtiéndose en su gran virtud. Sin las acrobacias a las que nos hemos ido acostumbrando cuando se trata de filmaciones de conciertos, las imágenes del de Rodríguez en Sudáfrica  son de antología. También queda en la retira  esa toma en la que la silueta de Rodríguez baja del gran avión  rumbo al encuentro con un público que lo hizo suyo sin  él siquiera saberlo absorto como estuvo por años y a kilómetros de distancia, pegando ladrillos y llevando al museo a sus hijas.

Cuando al final de la proyección nos damos cuenta que lo contado es verdad; que Sixto Rodríguez anda por ahí en algún lugar del mundo y que durante años, creyéndoselo muerto, fue cuando más vivo estuvo, sentimos que Buscando a Sugar Man es la prueba de como el cine es capaz  de catapultar una historia extrayendo de sus aparentes simplicidades el valor extraviado de la honestidad y la autenticidad.

Nota a deshoras: Imposible, después de ver Buscando a Sugar Man, no correr a buscar su música. Los dejo con ella.



sábado, 27 de julio de 2013

LA PARTE DE LOS ANGELES



La parte de los ángeles

The Angels' Share

106 min. | Comedia | Drama
Público apropiado: Jóvenes-adultos
Año: 2012
Dirección: Ken Loach
Guión: Paul Laverty
Música: George Fenton
Fotografía: Robbie Ryan
Distribuye en cine: Altafilms
Distribuye en otros formatos (DVD): Paramount


Clasificación : Vale la pena

Ken Loach, el director de La parte de los Angeles, lleva haciendo cine desde la segunda mitad de los sesentas. De su nutrida filmografía, mucha de ella en llave con el guionista Paul Laverty,  son pocas las películas  exhibidas en las salas colombianas. Su incursión en nuestra cartelera no tiene más de siete años. Aceptando el riesgo de la equivocación por omisión, El viento que agita la cebada (2006),  Buscando a Eric (2009) y, en este momento en cartelera, La parte de los ángeles (2012), son los títulos que hemos tenido oportunidad de ver. Es difícil, con apenas tres películas vistas, caracterizar una obra con más de treinta calendarios encima. Sin embargo a partir de tan reducida muestra y con la guía de quienes han seguido su trayectoria, al cine de Loach puede tenérselo como un trabajo donde predomina - visual, actoral y argumentalmente hablando - lo espontáneo, lo primario y lo natural . Todo puesto al servicio de una causa social y, propio del espíritu sesentero de su autor, con cierto ánimo contestatario de denuncia e inconformidad.

La parte de los ángeles, enseña la película, es ese mínimo porcentaje de alcohol que se evapora en el proceso de destilación y añejamiento del emblemático whisky escosés. Ese dos por ciento habrán de bebérselo, inhalándolo,  los ángeles que por allí merodeen.

Roobie, su protagonista, es un joven  rodeado de enemigos y de incertidumbres existenciales provocados, los unos y las otras, por su temperamento agresivo y rebelde.  Condenado a realizar trabajos de rehabilitación social con otros tres compañeros de infortunio,  vislumbrará en su desconocido talento para la cata del whisky, una compuerta para salir de ese mundo opresivo e injusto que lo ha visto mal crecer.

El cine de Loach tiene ese inconfundible tono con el que uno termina asociando el modus vivendi de las provincias del Reino Unido. Un tono tan burdo y simple que termina bordeando la ordinariez. Los jóvenes que protagonizan La parte de los ángeles carecen de toda esperanza y, también, de todo refinamiento. Son la muestra, primaria y maniquea, de una generación marcada por el fantasma de una Europa en crisis. A partir de ese prototipo Loach arma una historia que  usa como estribo de apoyo el humor y la sorna. Bobbie y sus compañeros de aventura  se matriculan en el cliché ya desgastado del clan disfuncional de amigos desadaptados en el que siempre está el tontarrón, el inteligente y la infaltable chica que sin ser de ninguno es, a la vez, la pareja de todos. Sin embargo la historia no se queda, al estilo de la saga de  The hangover,  en el encadenamiento hueco de los chascos que les suceden a estos aventureros marginales. Acomodado en el aburguesamiento que siempre viene con los años pero fiel aún a sus apegos ideológicos, tras el entramado cómico de La parte de los Angeles subyace la crítica de Loach a una sociedad en la que conviven, en inmanente tensión, el desempleado y el millonario que sin ningún empacho  gasta miles de dólares en una afamada botella de licor.

Sin lograr un relato compacto y convincente, la película de Loach alcanza, con algo de esfuerzo, un sabor placentero y entretenido. No tiene ni la estatura narrativa, ni la demoledora e irónica crítica de un Full Monty pero nos la recuerda de principio a fin por la desfachatez de sus personajes y por esa manera única del cine británico de mofarse de sus sofisticadas decadencias. En términos etílicos La parte de los ángeles es más un digestivo, agradable y ligero, que un single malt lleno de aromas y misterios.  

  

martes, 23 de julio de 2013

¿Y SI VIVIMOS TODOS JUNTOS?



¿Y si vivimos todos juntos?


Et si on vivait tous ensemble?

96 min. | Comedia | Drama
Público apropiado: Adultos
Año: 2011
País: FranciaAlemania
Dirección: Stéphane Robelin
Fotografía: Dominique Colin
Distribuye en cine: Golem
Distribuye en otros formatos (DVD): Cameo


Clasificación : Buen plan

Vejez y cine conforman un binomio de vieja data.  Ni son de ahora sino de siempre las películas sobre el viejo incomprendido y cascarrabias que se enfrenta a sus propios hijos, ni nuevas son aquellas otras en las que volteando las últimas esquinas de la vida, unos viejos juegan a reinventarse como amantes tardíos. En cada momento y según cual sea el lente que se emplee, la mirada es distinta porque distintas son las circunstancias que en cada momento rodean el declinar inevitable de la vida. Para referirme a algunas recientes pienso ahora, además de Y si vivimos juntos , en películas como El exótico Hotel Marigold (2011) o El Cuarteto (2012). En todas tres la vejez es presentada con una, a mi gusto, exagerada nota de glamour y encanto. En las tres hay un fingimiento que bordea el empalago. Los viejos de estas películas son una mar de vitalidad, distinción, humor y belleza. Hasta la muerte que los acecha tiene un discreto encanto que lejos de opacar sus vidas las lustra de sabiduría y solidaridad.

En Y si vivimos juntos unas parejas mayores y un amigo de ellas deciden  irse a vivir juntos porque, eso piensan,  nadie mejor que ellos mismos para cuidarse y acompañarse recíprocamente en esos silencios obtusos o en esas descoloridas melancolías que suelen rodear el final de los días. El problema de Y si vivimos juntos está en ese intento simplista y a la vez efectista de combinar comedia y drama con el muy cuestionable propósito,  desde lo cinematográfico y también desde lo estético,  de aseriar la primera y de volatizar el segundo. El resultado es pobremente entretenido. Se la pasa bien en Y si vivimos juntos  pero la película pasa sin ningún bien. Tampoco creo   - y en esto me aparto de varias críticas -  que lo rescatable sea el elenco y su desempeño actoral. Lo que hacen Bedos, Rich, Chaplin, Fonda y añosa compañía, es pararse allí a hacer valer, no lo que están haciendo, sino lo que alguna vez hicieron. Admitamos que la película no tiene pretensiones redentoras pero admitamos también que  tiene un cierto tufillo elitista que exalta como condición para un buen ocaso existencial cierto refinamiento, es decir, estiladas copas de vino tinto en la mesa y una sofisticada afición operática.

Desde lo creativo la película no intenta mayor cosa. Más que contar una buena historia o adentrarse en las complejidades de la ancianidad, la película de Robelin  es un producto cuyo demérito no es su levedad sino la imposibilidad  de aceptarla camuflándola tras una larga cascada de lugares comunes.  En lugar de la inmersión en las complejidades del comportamiento de la persona mayor, la película se va por la ruta rápida y, reconozcámoslo, también plácida, de apenas asomarse a las situaciones amables y graciosas que surgen de la convivencia de este selecto grupo de adultos mayores. Podrá decirse, como defensa de género, que se trata de una simple comedia y que fue con ese ánimo que se la hizo y que ha de ser con esta misma disposición  que ha de ir, despreocupadamente, el espectador a verla. 

Más allá del rótulo que se le ponga, en este caso el de comedia y también más allá de las fórmulas eclécticas que se utilicen tales como comedia dramática o drama cómico, lo cierto es que Y si vivimos juntos no es, desde la estructura argumental básica de la que nace tal clasificación, una comedia. Es por esto que al salir de la proyección queda esa sensación de haberla pasado bien pero con el desazón de no  haber podido asistir a  la buena película que Y si vivimos juntos pudo ser.

A manera de colofón un listado incompleto y personalísimo de películas que lograron con maestría - léase con respeto, humor e inteligencia -acercarse al mundo, ya algo nuestro, de los viejos:

“El crepúsculo de los dioses” Billy Wilder 1950
“Cuentos de Tokio” Yasujiro Ozu 1953
“El festín de Babette” Gabriel Axel 1987
“Lugares comunes” Adolfo Aristain 2002 

domingo, 16 de junio de 2013

AMOR ES TODO LO QUE NECESITAS



Película: Amor es todo lo que necesitas. Título original: Love is all you need.Título original: Den skaldede frisør. Dirección: Susanne Bier. Países:Dinamarca e Italia. Año: 2012. Duración: 112 min. Género: Comedia romántica. Interpretación: Pierce Brosnan (Phillip), Tryne Dyrholm (Ida), Kim Bodnia (Leif), Molly Blixt Egeling (Astrid), Paprika Steen (Benedikte), Sebastian Jessen (Patrick). Guion: Anders Thomas Jensen. Producción: Sisse Graum Jorgensen y Vibeke Windelow. Música: Johan Söderqvist. Fotografía: Morten Søborg.Montaje: Pernille Bech Christensen y Morten Egholm. Diseño de producción: Peter Grant. Vestuario: Signe Sejlund. Distribuidora: Golem. Estreno en Dinamarca: 6 Septiembre 2012. Estreno en España: 21 Diciembre 2012. Calificación por edades: No recomendada para menores de 7 años.


Calificación : Vale la pena   




Amor es todo lo que necesitas, la última película de la premiada directora danesa Susanne Bier, es un divertimento trajeado de comedia que sin alcanzar las dulzuras y sonrisas del género, sí deja, aunque pasajera, una agridulce sensación. No obstante sus altibajos, la película logra cierta redondez que  la  distancia de la comedia superflua y banal. 

Entre los bajos de Amor es todo lo que necesitas están, esa cierta manipulación efectista de los espléndidos paisajes del sur italiano, el empleo repetitivo y poco convincente  de una boda  como  plataforma en la que afloran, muy cerca del “sí te acepto” ,  sentimientos agazapados y desconocidos y, finalmente,  el uso del cliché ya tan desgastado del hombre maduro y huraño que de repente y por obra y gracia de un amor tardío y ceniciento cambia su ceño fruncido por la ternura de una mirada generosa y conquistadora.

A todos estos recursos de rasgos sabidos y consecuencias predecibles los contrarresta, magistralmente,  la finura con la que la Bier los emplea. Imposible no darse cuenta de las ligerezas de un guión más almibarado que elaborado, pero imposible  también desconocer que  la historia  no se queda en su faceta naif y rosa.   Por encima de su propia estructura y de sus carencias argumentales, la película de la Bier alcanza un tono sugestivo y creíble. Lo alcanza, creo yo, en muy buena medida por el personaje de Ida (Trine Dyrholm), una fascinante mezcla de tontera, inteligencia, valentía y belleza.  Es en torno a ella que se edifica toda la historia: su hija, próxima a casarse, es tan solo un referente, un foco intermitente que esparce su luz sobre la madre. Otro tanto pasa con Philip (Pierce Brosnan) el padre del novio. Solitario y vanidoso,  no parece capaz de hacer otra cosas que controlar despachos de limones y rábanos alrededor del mundo, hasta que esta mujer, aparentemente insignificante, irrumpe en su vida. 


Los dos protagonistas cumplen bien su misión. Brosnan es, irremediablemente, un buen galán. Sabe mirar, sabe decir la frase oportuna y sabe, desde sus tiempos de Remington Steele, que la mejor conquista siempre empieza por hacer sentir a la mujer pretendida, admirada y  respetada. Dyrholm logra un personaje entrañable: una mujer que desde la sencillez de su oficio de tinturas y tijeras pero, sobre todo, desde la claridad que da convivir con la enfermedad, entiende que todos los suyos, ella incluida, merecen perdón y un chance de felicidad.


Puede ser que después de un balance meticuloso, estéril y odioso,  Amor es todo lo que necesitas resulte ser un trabajo con más estereotipos que brillos; sin embargo, viéndola, se siente un cierto sopor que atrapa y que la hace, sino una imperdible, sí una de esas películas que resulta grato ver porque inscrita sin vergüenza  en las filas de la comedia romántica, es una historia bien contada que reivindica, sin altavoces ni aspavientos,  el inestimable valor de lo femenino.  

Nota a deshoras: Imposible no hacer la asociación con el gran clásico de los Beatles. Aquí esta hermosa versión globalizada






sábado, 1 de junio de 2013

JOSE Y PILAR



Título original : José y Pilar

Año : 2010

Duración : 125 min.

País:  Prutugal

Director: Miguel Goncalvez Mendes


Guión : Miguel Goncalvez Mendes

Fotografía : Daniel Nieves

Reparto : José Saramago, Pilar del Río

Género : Documental , biográfico

Web oficial : www.joseepilar.com  


Calificación : Buen plan

Hay que diferenciar. Una cosa es la empatía, la simpatía o la antipatía que pueda generarnos un personaje por su conducta o su forma de ver y vivir la vida y otra, distinta, el agrado o el desagrado que pueda producirnos el relato cinematográfico que  se ocupa de este mismo personaje.  La importancia de esta distinción se agudiza cuando se trata de una película documental. En este género  se trata ya no de unos actores que encarnan postizamente las vidas de otros, sino de seres reales a quienes la cámara aspira a capturar sin otra distorsión, que no es poca, que la que se produce en el tránsito de la realidad a la imagen. Una cosa es entonces, en el documental, que la forma de apresar y expresar una realidad (comúnmente la vida de algún notorio) nos parezca buena o  fallida y otra que esa misma realidad (ese alguien que nos es representado) nos plazca o nos disguste estética, moral o éticamente. Un documental sobre el sicariato nos puede parecer extraordinario así nos repugne hasta la médula ese aberrante oficio y, sobre todo, la decadencia social que lo propicia.  Lo propio, a la inversa,  puede sucedernos con un documental sobre la forma como en gimnasios anónimos y oscuros se forman, a punto de hambre y ansias, esos boxeadores que luego muerden, como desquitándose de la vida, sus preseas olímpicas. El tema puede subyugarnos pero la forma de contárselo puede decepcionarnos. Sin duda una cosa es el como se cuenta y otra, lo contado.

En José y Pilar (2010) , el documental del director portugués Miguel Goncalves Mendes,  hay entonces que diferenciar entre el gusto o el disgusto que pueden provocarnos las figuras públicas del propio Saramago y su esposa, la española Pilar del Río, y el  brillo o la opacidad de la película que recoge los últimos años del primero y la intensidad de la segunda.  Personalmente no me gustan los primeros y no me gustó la segunda.  

Como muchos llegué a Saramago a través de sus subyugantes novelas. Me fascinó El ensayo sobre la ceguera,  El Evangelio según Jesucristo y, especialmente,  Todos los nombres. Más tarde, cuando Saramago empezó a aparecer en noticieros y diarios me encontré con un hombre genial pero apático, brillante pero frío, portador y defensor de un discurso social pero privado de toda calidez humana. Como tantas otras veces me dije que el mejor y más limpio contacto con los escritores es siempre a través de sus obras y no  a través de sí mismos. Mejor quedarse con don José, el burócrata notarial de Todos los nombres que se enamora de una desconocida, que con el otro José que le dio vida al primero.  

De Pilar del Río poco o nada sabía y en la película nos la presentan como una mujer que se encaprichó hasta la obsesión con el Nobel no  para acompañarlo y secundarlo en su labor creativa , sino para lograr que los faros mediáticos buscándolo a él terminaran posándose en su compañera redentora.  A lo mejor la del Río, periodista de oficio, es una gran y desinteresada mujer. No lo sé. Lo que sí sé es que la imagen que me quedó de ella fue la de una habilidosa y muy superficial titiritera que se dedicó, tras el sospechoso rótulo de la trabajadora incansable,  a exponer, a cabestro diría yo, al pobre Saramago ante cuanta cámara y micrófono hubiera en el camino.

Pero una cosa es que ese Saramago y esa Pilar no me simpaticen y otra que eso convierta en buen o mal documental biográfico a José y Pilar. Si a mi juicio José y Pilar es un documental fallido y del todo prescindible es porque con él se desperdició la oportunidad de adentrarse en el desconcertante mundo del Nobel portugués, un mundo marcado por la brillantez de sus creaciones y por su visión atea y árida de la condición humana.  Se dejó ir la oportunidad para conocer, algo más de cerca, ese contraste entre el escritor de una sensibilidad extrema y el hombre político que pregonaba la igualdad desde su pedestal de odiosa superioridad.

José y Pilar es, sobretodo, Pilar y José.  Es ella la que aparece como el eje que soporta todos los giros. Si Saramago se mueve es por el impulso de ella; si Saramago lucha es porque ella lo motiva a hacerlo y si Saramago se embarca alocadamente en cuanto avión pueda transportarlo de un continente a otro, es porque ella es la hacedora insaciable de esas apretadas agendas. El Saramago de José y Pilar no es entonces ni el pensador polémico y ácido ni, mucho menos,  el creador polifacético que habló  tantos y tan disímiles lenguajes a través de sus personajes  El Saramago de José y Pilar es , sobretodo, el José de Pilar según la visión egocéntrica y absorbente de esta última.

Nunca he creído, con el adagio popular, que detrás de cada gran hombre hay siempre una gran mujer. Eso del detrás de  me parece pedante, odioso y soberanamente mentiroso.  Al lado de cada gran ser, hombre o mujer, suele haber otros, hombres y/o mujeres, que lo complementan, acompañan y justifican. Esa y no otra es nuestra condición. En José y Pilar quiso mostrarse la grandeza de la compañera del Nobel y en lo que terminó la película fue en la caricaturización de un grande y en el elogio, empalagoso hasta el hastío, de una mujer que quizás nunca entendió, como sí Saramago,  que la discreción es siempre la mejor aliada de la creación.